miércoles, 30 de marzo de 2016

martes, 29 de marzo de 2016

lunes, 28 de marzo de 2016

REFLEXIÓN - DOMINGO 2º DE PASCUA. C 3 de abril de 2016

MISERICORDIA DIVINA

“Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”. Así comienza la primera lectura de este domingo segundo de Pascua (Hech 5,12). Ha comenzado el tiempo de la Iglesia. Los discípulos del Señor hacen ahora visible su misericordia.
En realidad, la compasión de Dios se hace visible en la curación de los enfermos. Es interesante observar que la gente que se acercaba a los apóstoles deseaba que al menos la sombra de Pedro cayera sobre los pacientes que les acercaban.
Tambien hoy la humanidad sufre en su cuerpo y en su espíritu y busca por todas partes un alivio a sus ansias y dolores. Podemos preguntarnos si también el paso de los cristianos de hoy aporta una respuesta a las expectativas de la humanidad.
Con el salmo responsorial agradecemos haber sido aliviados de nuestros males:  “Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 117)”.  

LOS CONTRASTES Y LA MISERICORDIA

El evangelio nos recuerda dos momentos de la revelación del Resucitado a sus discípulos (Jn 20, 19-31). El texto parece jugar con diversas contraposiciones. Es como si intentara ofrecernos una pintura que se configura con un fuerte claroscuro
- En primer lugar se contraponen el miedo y la alegría. Tras la muerte de Jesús, los discípulos están todavía atemorizados. Pero el descubrir a Jesús presente en medio de ellos, los llena de alegría.
- En segundo lugar observamos que el miedo los mantiene paralizados y con las puertas cerradas. Pero el aliento de Jesús los exhorta a salir a la calle. Los encerrados, se convierten ahora en los enviados.
- En tercer lugar, intuimos que los discípulos no han superado el sentido de culpa por haber abandonado a Jesús. Pero el resucitado no vienen a reprenderles su falta. Al contrario, los convierte en ministros del perdón y de la misericordia.

LA PROTESTA Y LA FE

  Con frecuencia oímos calificar a Tomás como “el incrédulo”. Pero olvidamos que fue precisamente él quien había desafiado a los otros discípulos a seguir al Maestro: “Vayamos también nosotros a morir con él” (Jn 11,16). Tomás tenía fe para aceptar la muerte. ¿Es que ahora  no tiene fe para aceptar la vida? Habrá que repensar sus palabras y las del Señor.
• “Si no veo la señal de los clavos…, no creo”. Esas palabras no delatan la incredulidad de Tomás. Son una protesta personal contra los que aplauden la luz sin haber aceptado la cruz. 
• “Trae tu dedo… No seas incrédulo, sino creyente”. Las palabras de Jesús se dirigen a Tomás y a todos nosotros. Ni incrédulos, ni crédulos. Se nos pide la seriedad de los creyentes.
• “Señor mío y Dios mío”. Tan sólo la declaración de Pedro puede compararse a esta confesión de fe que el Resucitado suscita en quien estaba dispuesto a seguirlo hasta la cruz.
• “Dichosos los que crean sin haber visto”. Sólo en eso podemos superar la valentía y la coherencia de Tomás. Él creyó por las llagas. Nosotros nos apoyamos en la fe del que creyó.
- Señor Jesús, como nos ha dicho el Papa Francisco, tus llagas son un signo permanente del amor misericordioso de Dios. Que ellas nos ayuden a descubrir, celebrar y confesar su misericordia. Amén.  
                                                                           José-Román Flecha Andrés


CADA DÍA SU AFÁN 2 de abril de 2016

                                         

DOS INDIFERENCIAS

Después de la santa misa habían recitado una oración habitual: “Señor, enséñame a ser generoso. Enséñame a servirte como lo mereces; a dar y no calcular el costo, a luchar y no prestar atención a las heridas, a esforzarme y no buscar descanso, a trabajar y no pedir recompensa, excepto saber que hago tu voluntad”.
Poco después estaban ya sirviendo el desayuno a los ancianos pobres a los que atendían cada día. Se llamaban Anselm, Reginette, Margarita y Judith. Procedían una de la India, otra de Kenya y las otras dos de Nigeria. Pertenecían a la congregación de las Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta. Y fueron asesinadas a sangre fría el viernes día 4 de marzo de este año 2016 en Adén, Yemen, al sur de la península arábiga.
  Sus asesinos las condenaron por proselitismo religioso, algo que nunca han pretendido. Bien sabían ellas que el pobre tiene su dignidad, con independencia de su raza o de su religión.
Junto a estas misioneras, sus asesinos dieron muerte a empleados de la casa y a los ancianos que pretendieron defenderlas. La superiora de la casa se salvó por milagro. Y el  sacerdote salesiano, Tom Uzhunnalil, que había celebrado la eucaristía fue secuestrado. Era el  último que permanecía en Aden tras el incendio de su parroquia en el septiembre pasado.
Cuatro religiosas, más doce muertos más ¿qué pueden importar al mundo? Junto a los 7000 cristianos asesinados durante el año 2015, este es un incidente más. “Efectos colaterales”, los llaman en este tiempo.
 El domingo, día 6, después del Ángelus, el Papa Francisco, afirmó que las cuatro monjas asesinadas eran víctimas de sus verdugos pero también de "la indiferencia, de esta globalización de la indiferencia, del ‘no importa’".  Estos mártires asesinados cada día tan solo por  ser cristianos "no son portada de los periódicos, no son noticia". Por una parte, el odio a la fe cristiana. Por otra parte, la indiferencia ante el odio que mata a los cristianos.
El mundo se conmueve cuando se ataca el derecho a la información. Pero ni siquiera pestañea cuando se aplasta el derecho a la libertad religiosa. Nuestra sensibilidad revela nuestros intereses y, al fin,  nuestra misma identidad.
Pero tras esta trágica noticia nos sorprende la declaración de la hermana Cyrene, provincial para Italia de las Misioneras de la Caridad: “Si estamos solas y no tenemos personas a las que cuidar, ante el peligro, cambiamos de lugar, vamos a otra parte. Pero si tenemos a los pobres, los enfermos, los paralíticos… ¿cómo podríamos?” Y añade con sencillez que  “lo que realmente hace daño es la indiferencia en el corazón de tanta gente por las condiciones y la suerte que corren los pobres y los últimos”. Ese es el otro desafío a nuestra adormilada conciencia.
                                                                             José-Román Flecha Andrés

martes, 22 de marzo de 2016

PASCUA DE RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

REFLEXIÓN - DOMINGO DE RESURRECCIÓN DEL SEÑOR 27 de marzo de 2016


EL FUTURO ABIERTO

“Del sepulcro se han llevado a mi Señor
y no acierto a saber donde está puesto”.

Tal fue el grito de alarma en la mañana
que rompía los descansos rituales
y urgía a repensar los proyectos imposibles
en futuros de orfandad y desaliento.
Fue la voz de la sorpresa
que atenaza y agarrota
las fuerzas que nacieron junto al lago
y se fueron forjando entre sueños de poder
y asombros impensables.
El sepulcro está vacío en la mañana
y la muerte languidece,
vencida para siempre por la vida.
Pero hay algo que serpea en el asombro:
el Señor se ha liberado por sí mismo
de las vendas funerales y el sudario inmaculado
empapado en aromas de urgencia y de temblores.
Aún no sabemos los caminos
que ha podido tomar el que es Camino,
pero sabemos que su Vida
ha de ser ya para siempre
un germen de Verdad y de esperanza.
La tumba está vacía
y el futuro queda abierto
a la tarea que aguarda cada día
a todos los que crean y confiesen
la aventura del Señor Resucitado.


José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN - 26 de marzo de 2016

                                                            
RESURRECCIÓN Y ESPERANZA
En su exhortación “La alegría del Evangelio”, el Papa Francisco nos ha invitado a reflexionar  sobre la acción misteriosa del Resucitado. Ese es uno de los motivos que nos impulsan a la evangelización en este preciso momento de la historia.  El pesimismo puede generar en nosotros la apatía. Pero la fe nos insta a superar la comodidad y la flojera.  La tristeza de la insatisfacción nos destruye porque nadie puede vivir sin esperanza. El Papa nos ofrece, al menos, siete puntos de reflexión para el tiempo de Pascua.
1. “Si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive. De otro modo, «si Cristo no resucitó, nuestra predicación está vacía» (1 Co 15,14). 
2. La fe nos invita a descubrir a Jesucristo vivo y a vivir con él. “Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda”.
3. Nuestra tradición puede llevarnos a pensar que tanto la muerte como la resurrección de Cristo son tan solo un recuerdo. Pero no es así. “Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable”.
4. Siempre nos acecha la tentación de pensar que el mal es invencible. Sin embargo, es posible la esperanza. “Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo”.
            5. A veces el desaliento brota de la experiencia de nuestros propios fracasos. Pero la fe nos levanta de nuestra postración. “La fe es también creerle a Él, creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad. Es creer que Él marcha victorioso en la historia «en unión con los suyos, los llamados, los elegidos y los fieles» (Ap 17,14)”.  
            6. En medio de la mala hierba, crece también la buena semilla. “La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!”
7. No siempre vemos esos brotes. Pero la fe nos ofrece la certeza de una fecundidad impensable. “Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo... Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa”.  
                                                           José Román Flecha Andrés

martes, 15 de marzo de 2016

DOMINGO DE RAMOS CICLO C

REFLEXIÓN - DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR 20 de marzo de 2016

LA ENTRADA DEL REY
“Ofrecí la espalda a los que me golpeaban; la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos”. En la primera lectura de este Domingo de Ramos escuchamos la lectura de uno de los poemas del Siervo de Dios, que se encuentra en la segunda parte del libro de Isaías (Is 50,4-7).
Jesus entra triunfante en Jerusalén, pero sabemos que entra para morir en la cruz. Como ha dicho el papa Francisco, “Es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios. Su trono regio es el madero de la cruz”.
El salmo responsorial recoge la súplica de Jesús. “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”. Bien sabemos que esas palabras del salmo 21 eran el principio de una invocación que reflejaba la confianza en Dios de quien pasa por el valle del dolor.
La lectura de la pasion de Jesús según san Lucas nos recuerda que en la cruz del Señor encontramos la misericordia de Dios que lava nuestros pecados.

EL CLAMOR DE LOS PEREGRINOS

Con Jesús debieron de subir a Jerusalén algunos peregrinos procedentes de Galilea. Tal vez habían compartido con él unos días de descanso en Jericó. Y posiblemente habrían presenciado el encuentro de Jesús con el ciego Bartimeo, que imploraba su ayuda desde la vera del camino, reconociéndolo como Hijo de David.
Ese es el título con el que lo aclaman aquellos peregrinos que lo acompañan hasta la Ciudad Santa. A ese título añaden un conocido verso de los salmos (Sal 118,26). La bendición con la que la asamblea litúrgica recibía al rey que regresaba victorioso: “¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!” (Lc 19,38). 
Tambien los ramos recordaban aquel antiguo cántico de triunfo. Pero el entusiasmo de los galileos alarmó una vez más a los habitantes de la ciudad de Jerusalén. A sus preguntas sobre el que llegaba montado sobre un pollino, los peregrinos respondieron alborozados: “Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea” (Mt 21,10s).

EL GRITO DE LAS PIEDRAS

  Aquel alboroto podría desatar la represión por parte de los romanos. Eso debían de temer los fariseos que presionaban a Jesús  para que calmara el entusiasmo de sus seguidores. Pero la respuesta de Jesús suscita todavía ahora nuestra reflexión.
• “Si estos callan, gritarán las piedras”. También en este tiempo que nos ha tocado vivir son muchos los que pretenden amordazar a los discípulos de Jesús. No pueden soportar el mensaje del Maestro ni la voz de los mensajeros.
• “Si estos callan, gritarán las piedras”. Seguramente los discípulos de Jesús oyeron estas palabras. Y hemos de oírlas también ahora. No podemos guardar en silencio la palabra del Señor. La recuerda y la exige cada día el anhelo más hondo de la humanidad.  
• “Si estos callan, gritarán las piedras”. Ni el temor ni la cobardía han de hacernos callar el mensaje de Jesús para este tiempo y para este escenario de la historia. Si enmudecemos, otros pregoneros vocearán esa Palabra que salva y libera al ser humano.   
- Señor Jesús, también hoy llegas a la ciudad humana como mensajero de paz y de salvación. Que el miedo no nos impida acogerte como Señor y Salvador. Tú eres el Bendito que nos trae toda bendición.
                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 19 DE MARZO DE 2016

                                     
JOSÉ DE NAZARET

El día 19 de marzo la Iglesia Católica celebra la fiesta de san José, el esposo de María de Nazaret. Su figura, tantas veces olvidada, es realmente modélica para todos los cristianos. Y lo es por múltiples motivos.
1. José de Nazaret se presenta en los evangelios como un hombre justo. Trata de ajustar su vida a la voluntad de Dios. Y no pretende someter esa voluntad divina al imperio de la libertad y de la decisión humana.
2. Además, José  sabe escuchar la palabra de Dios en el más respetuoso silencio. Una palabra que se le dirige en la oscuridad de la noche y en esa oscuridad existencial que hace difícil tomar las decisiones más arriesgadas.  
 3. José de Nazaret vive en un país sometido a un poder imperial, ajeno a la cultura y a los intereses de su pueblo. Una orden del imperio lo saca de su casa en un momento tan dificil como el de la proximidad del parto de su esposa.
4. José ha pasado por  la persecución y la emigración. Ha tenido que salir de su tierra para defender la vida de su hijo, amenazada por un tirano celoso de su poder y promotor de una matanza de inocentes.
5. José de Nazaret confía su destino a Dios.  No se considera como un héroe por haber librado a su familia de la muerte. Acepta los plazos que Dios ha marcado y las señales con las que va dirigiendo su camino.
 6. De una forma y de otra, José experimenta la soledad y el dolor humano más traumático. De hecho, pierde a su hijo y ha de salir a buscarlo con angustia, como ocurre a tantos padres en nuestro tiempo.
7. Ese trance doloroso es al mismo tiempo una profunda experiencia espiritual. José de Nazaret llega a pasar por la prueba  que atraviesan todas las personas que creen haber perdido el rastro de Dios.  
8.  José y María “no comprendieron” las palabras con las que su hijo Jesús trató de explicar su permanencia en el templo. Y, a pesar de todo, guardaron aquellas palabras en su corazón.
José de Nazaret es el custodio de Jesús. Con razón se puede decir que es una figura en la que se refleja la identidad y la misión de la Iglesia. Y, por tanto, el camino y la vocación de todo cristiano.
                                    José-Román Flecha Andrés

lunes, 7 de marzo de 2016

DOMINGO 5º DE CUARESMA. C

REFLEXIÓN - DOMINGO 5º DE CUARESMA. C 13 de marzo de 2016

LIBERACIÓN Y PERDÓN

 “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” Ese oráculo divino se encuentra en el texto del libo de Isaías que se proclama en este quinto domingo de Cuaresma (Is 43,16-21).  
Lo antiguo era la esclavitud en Egipto y la asombrosa liberación que Dios había ofrecido a su Pueblo. Lo nuevo es el exilio que padece en Babilonia y la nueva liberación que Dios le promete. Si un día abrió a su pueblo un camino por el mar, ahora le abrirá un camino por el desierto.
La gratitud por el pasado ha de suscitar la esperanza de un futuro inmediato. La misericordia de Dios atraviesa los tiempos y da sentido a la historia. Con razón, el salmo da cuenta de la alegría de los liberados: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125).

UN DOBLE DESAFÍO

En el evangelio de este quinto domingo de Cuaresma se nos presenta el episodio de la mujer adúltera (Jn 8,1-11). Los escribas y fariseos traen ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. No les importa la dignidad de la mujer. Sólo pretenden dirigir a Jesús un desafío. Ésta es la pregunta: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?” (Jn 8,6).
Si el Maestro dice que hay que apedrear a la mujer podrá ser acusado de despiadado y se hundirá para siempre su fama de profeta misericordioso. Si no la condena, no merece el nombre de profeta y será denunciado por contradecir la Ley de Moisés, que imponía la lapidación como pena por el adulterio (Lev 20,10; Dt 22, 22-24).
Como ajeno a la pregunta, Jesús se inclina y escribe en el suelo. De hecho, trata de hacer conscientes de su pecado a los hombres que la acusan de pecado para poder lapidarla: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Jn 8,7). En el contexto evangélico, estas palabras son una interpelación a los que presumen de limpios e inocentes y se arrogan el derecho de acusar a los demás. Ese es el desafío de Jesús.

EL MAL Y EL PERDÓN

En la respuesta de Jesús a la “mujer sorprendida en adulterio” hay dos partes igualmente importantes para nuestro tiempo y para nuestra conciencia personal:
• “Tampoco yo te condeno”. Jesús establece una distinción definitiva entre el mal moral y la responsabilidad. El primero no siempre implica la segunda. A ese binomio dramático, Jesús añade su  propio veredicto: el del perdón. Jesús ha venido al mundo no a condenarlo, sino a  salvarlo de su mal. Del mayor mal, que es el pecado. Jesús es el mensajero y el testigo de la misericordia de Dios.  
• “Anda y en adelante no peques más”. Jesús no ignora la realidad hosca del pecado. Aceptar a la persona no significa negar su libertad, ni equiparar el valor moral de todas sus decisiones, ni cerrar los ojos ante el dramatismo de sus tropiezos. Jesús no trivializa el pecado. Nunca ha presentado el mal como un bien. Pero invita a los pecadores a la conversión, a la confianza, al cambio de vida, a emprender un nuevo comienzo.
 - Señor Jesús, demasiadas veces nos fijamos en el pasado. En el nuestro y el de nuestros hermanos. Sólo tú nos exhortas a mirar confiadamente hacia delante. En lugar de reprocharnos nuestro pasado, tú nos invitas a recobrar la esperanza en el futuro. Bendito seas, Señor. Amén.   


                                             José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 12 de marzo de 2016

                 
LA PRUDENCIA 

Todos nos invitan a ser comedidos y prudentes. Pero la prudencia es a veces concebida como la actitud típica de los cobardes. O como el retraimiento cauteloso de los escarmentados. Se atribuye esta virtud a la vejez sabia y experimentada, pero se la asimila con excesiva frecuencia al desencanto. En la opinión popular, la persona prudente, precisamente por serlo, parece evitar el riesgo y conservar el ritmo y el espacio de la dorada mediocridad.
La prudencia es absolutamente necesaria en la vida del hombre. Sin ella, ni la justicia sería justa ni la fortaleza es realmente constructiva. Por eso Santo Tomás la calificaba como "madre" de las virtudes. El bien ha de ser prudente. La prudencia nos revela la realidad y la verdad última del ser humano.
En su diálogo con Evodio sobre el libre albedrío, San Agustín definía la prudencia como “el conocimiento de las cosas que debemos apetecer y de las que debemos evitar”. Ese conocimiento y aprecio firme del bien es la verdadera sabiduría, como ya habían escrito los filósofos griegos.
En realidad, la prudencia consiste en la acertada percepción de las condiciones, en la elección ponderada de los objetivos, en la comprobación cuidadosa de los métodos y las técnicas y en la evaluación de los efectos.
Ahora bien, cada uno parece tener su propia medida a la hora de calificar   como prudentes o imprudentes las acciones propias y las ajenas.  Según sean los ideales y valores de la persona, así se considerará prudente un determinado comportamiento con las cosas o con las personas y hasta con el mismo Dios. Cada uno es prudente o desenfadado, según la idea que tiene de sí mismo. O según los valores e intereses que trata de preservar en cada caso.
También ante las demandas de Dios el ser humano se plantea la cuestión de la prudencia, al preguntarse por las exigencias prácticas de su fe o por los límites de su entrega. Lo malo es que al creyente Dios suele pedirle decisiones y acciones que a todas luces resultan imprudentes a los ojos humanos. Ante Dios, la prudencia parece convertirse en una curiosa mezcla de sencillez y generosidad. En "discreción", tal vez.
Jesús invita a sus discípulos a ser prudentes como las serpientes del desierto, pero también alaba en ellos la sencillez indefensa de las palomas (Mt 10,16). Él mismo contrapone los “sabios y prudentes" de este mundo a la ingenuidad desvalida de los pequeños (Lc 11,25).
El administrador “fiel y prudente” es el que cumple con responsabilidad el mandato de su Señor y vive la esperanza vigilante de quien aguarda su venida.
Para el cristiano, en consecuencia, la prudencia está a un paso de la verdadera libertad que nace siempre de la pobreza de espíritu y de la humilde osadía de la esperanza. No está lejos del testimonio de la fe.
                                                                      José-Román Flecha Andrés

martes, 1 de marzo de 2016

CADA DÍA SU AFÁN 5 de marzo de 2016
                                                  
POLÍTICA Y BIEN COMÚN

Hay muchas lecciones que podemos aprender del reciente viaje del Papa Francisco a México.
En primer lugar, vemos que un país que se autodefine como laico en sus instituciones civiles, ha acogido en el Palacio Nacional al obispo de Roma. Los mexicanos no han visto como contradictorio que un líder religioso de este rango pueda ser invitado a dirigir su palabra a los representantes de toda la República Mexicana.
En su discurso el Papa alude varias veces a la multiplicidad y diversidad de culturas que contribuyen a dar a un pueblo “una identidad propia, que le posibilita contar con una riqueza cultural no siempre fácil de encontrar y especialmente valorar. La sabiduría ancestral que porta su multiculturalidad es, por lejos, uno de sus mayores recursos biográficos”.
Por otra parte, el Papa ha subrayado la importancia de contar con una amplia población juvenil, que “permite pensar y proyectar un futuro, un mañana, de esperanza y proyección. Un pueblo con juventud es un pueblo capaz de renovarse, transformarse; es una invitación a alzar con ilusión la mirada hacia el futuro y, a su vez, nos desafía positivamente en el presente”.
Claro que es importante la ética a la hora de pensar en “un futuro esperanzador que se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común, este bien común que en este siglo XXI no goza de buen mercado”. Con alusiones fácilmente comprensibles, añadía el Papa que “cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.
Ahora bien, para superar las situaciones nacidas de la cerrazón del individualismo, “es necesario el acuerdo de las instituciones políticas, sociales y de mercado, y de todos los hombres y mujeres que se comprometen en la búsqueda del bien común y en la promoción de la dignidad de la persona”.
Son necesarias “nuevas formas de diálogo, de negociación, de puentes capaces de guiarnos por la senda del compromiso solidario”. El compromiso de todos, comenzando por los cristianos, ha de generar una política auténticamente humana y una sociedad que supere la cultura del descarte.
Según el Papa, todos los ciudadanos tienen derecho a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz. Para lograr el disfrute efectivo de esos bienes, además de la ayuda de las leyes, hace falta la responsabilidad personal de cada uno y el respeto del otro. La fe católica no será un obstáculo para la convivencia. Al contrario, puede colaborar a la edificación de la civilización del amor.

jueves, 25 de febrero de 2016

REFLEXIÓN - DOMINGO 3º DE CUARESMA. C. 28 de febrero de 2016

CUANDO DIOS HABLA
 “Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza” (Ex 3,3). No son palabras tan solo. Moisés se  acerca a la zarza que arde sin consumirse. Este texto que hoy se proclama encierra tres referencias personales.
 • Dios, que no es indiferente a la suerte de los hombres. Su misericordia tiene en cuenta la miseria de los que se afanan y de los que sufren. Prestar atencion a esos signos que Dios envía puede convertirnos en portavoces de su palabra y en agentes de la liberación.  
• Moisés, que se ha habituado a la rutina de cada día. Pero está preparado para escuchar la voz de Dios que, de pronto, le habla en el escenario del pastoreo. Es preciso ver lo admirable y asombroso de la intervención de Dios en la peripecia de lo acostumbrado. 
• El pueblo de Israel, que ya se ha habituado a la esclavitud. Pero Dios “ha visto” la opresión que sufre su pueblo. Él toma la iniciativa. La fe en Dios nos rescata de la esclavitd. También a nosotros Dios nos ofrece la libertad y nos restituye la dignidad perdida.

LA TORRE

En el tercer domingo de cuaresma se nos recuerdan dos hechos que debieron de llegar a los oídos de Jesús: una horrible matanza de peregrinos decidida por Pilato y el derrumbe de la torre de Siloé que aplastó a algunos obreros (Lc 13, 1-9). ¿Qué pensar de ello?
• A Moisés Dios le habló en la rutina de las tareas diarias del pastoreo. El evangelio nos dice que Dios nos habla también a través de los acontecimientos que a veces nos sobresaltan y que siempre nos plantean las grandes cuestiones sobre el bien y el mal.
• A la vista de aquellas desgracias, muchos se preguntaban qué mal habían cometido las víctimas. Según Jesús, la desgracia no siempre responde al pecado. Si así fuera, también merecerían la muerte algunos de sus oyentes, que sin duda eran pecadores.   
•  Así pues, más que hacerse preguntas teóricas sobre la naturaleza y las causas del mal, hay que adoptar una decisión práctica. Es urgente aprovechar el momento presente para abrir el corazón a la conversión.

 LA HIGUERA

Pero en el relato evangélico que hoy se proclama se incluye, además, una breve parábola: la de la higuera que ha dejado de dar frutos. ¿Qué hacer ante ello? El texto incluye un breve diálogo entre el dueño de la viña y el viñador encargado de cultivarla.
 •  “Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?”. Esa parece ser la decision del dueño de la viña en la que está plantada la higuera. Es una severa advertencia a esa esterilidad nuestra que ya se ha vuelto crónica. No podemos resignarnos. El papa Francisco ha dicho hace poco que la misericordia de Dios es muy grande, pero su justicia es perfecta.
• “Señor, déjala todavía este año”. Junto a la tentación de la acedia podemos caer también en la del pesimismo. La sugerencia del viñador nos exhorta a redoblar el esfuerzo y el trabajo. A mantener la esperanza y la paciencia. A interceder cada día por nuestros hermanos. Y, por último, a dejar el juicio y la última decisión al Señor, que es el único dueño de la viña. 
 - Señor Jesús, queremos escuchar tu palabra, que nos habla a través de los acontecimientos. Que esa escucha nos mueva a la conversión del corazón. Y que la conversión se manifieste en los frutos de vida que tú esperas de cada uno de nosotros.   Amén.

                                                               José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 27 de febrero de 2016

                                          
OBRAS DE MISERICORDIA

El día 8 de diciembre de 2015 se han cumplido cincuenta años desde la clausura del Concilio Vaticano II. El papa Francisco ha decidido celebrarlo por medio de un año santo dedicado a anunciar, celebrar y vivir la misericordia.  La que Dios nos ofrece cada día. Y la que hemos de ofrecer a todos nuestros hermanos.
Es este un año para hacer de la misericordia el eje, el motivo y el acicate de la nueva evangelización. La convocatoria de un jubileo extraordinario sobre la misericordia no puede ser desaprovechada.
Nuestras parroquias, los encuentros, los retiros y las catequesis para jóvenes y adultos. Todas nuestras actividades han de ayudarnos a descubrir el don de la misericordia de Dios y la responsabilidad de practicar esa tarea. Todo ha de llevarnos a practicar las obras de misericordia.
En la bula El rostro de la misericordia, con la que ha convocado el jubileo,  el papa Francisco manifiesta expresamente su deseo de que la comunidad cristiana preste más atención al ejercicio inesquivable de las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales:
“Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”.
Aunque las obras de misericordia aparezcan explícitamente en el Catecismo de la Iglesia Católica, tal vez las tengamos un tanto olidadas. Sin embargo, como ha escrito el Papa, “la predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos”.
El viejo refrán nos recordaba que “obras son amores y no buenas razones”. Algo parecido nos dice el Papa al recordarnos que  las obras de misericordia son una prueba de la seriedad con la que aceptamos y vivimos nuestra vocación cristiana.
Por si las habíamos olvidado, en la bula papal se nos recuerdan las llamadas obras de misericordia corporales: “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos”. Si bien se mira, son el anticipo multisecular de los modernos voluntariados y aun de muchos programas sociales y políticos.
Además, el Papa nos pide que no olvidemos tampoco las obras de misericordia espirituales: “dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos”.
Estas tareas propias del amor y de la compasión no nacen de una estrategia eclesial ni de un movimiento sentimentalista, sino que encuentran su origen y su sentido en la misma predicación de Jesús. Hora es de recordarlas y ponerlas en práctica.
                                                                    José-Román Flecha Andrés

miércoles, 17 de febrero de 2016

martes, 16 de febrero de 2016

DOMINGO 2º DE CUARESMA C

REFLEXIÓN - DOMINGO 2º DE CUARESMA. C. 21 de febrero de 2016

UNA VOZ EN EL MONTE

 “Dios sacó afuera a Abraham y le dijo: Mira al cielo, cuenta las estrellas si puedes. Y añadió: Así será tu descendencia... Aquel día el Señor hizo alianza con Abraham en estos términos: A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río”. Ese es el comienzo y el final de la primera lectura que se proclama en este segundo domingo de Cuaresma (Gén 15, 5.18).
 • Como vemos, Dios se manifiesta a Abraham por medio del cielo estrellado. En el evangelio de hoy Dios se manifiesta a los discípulos por medio de su Hijo Jesús .
• Dios promete a Abraham la posesión de una tierra. En el evangelio de la transfiguración, la gran promesa de Dios es la presencia de su Hijo entre nosotros.
• En el téxto del Génesis un sueño profundo invadió a Abraham y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. También en el evangelio se menciona el sueño de los apóstoles, que, además, se asustaron al entrar en la nube, símbolo de la presencia de Dios.
Como vemos, la suerte del hombre no es indiferente a Dios. Las dos manifestaciones que hoy se recuerdan nos llevan a preguntarnos cómo se manifiesta Dios en la historia de la humanidad y en nuestra propia experiencia.

LOS SÍMBOLOS

En el segundo domingo de cuaresma se nos presenta la transfiguración de Jesús en lo alto de un monte. Quienes han peregrinado a Tierra Santa nunca podrán ya olvidar la experiencia religiosa vivida en aquel lugar. Ni los símbolos que salpican el texto evangélico que hoy se proclama (Lc 9, 28-36).  
•  “La montaña en la Biblia representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con él; el sitio de la oración, para estar en presencia del Señor”. Así nos lo ha recordado el papa Francisco.
• La nube representa la majestad de Dios que, al mismo tiempo, se nos muestra como cercano e invisible, amoroso pero inaferrable. La nube es la imagen de su misericordia, que nos ilumina y nos guía por el desierto de nuestra vida
• Moisés y Elías representan la Ley y los Profetas, es decir, los dos grandes pilares de la fe de Israel. Ellos dan testimonio de la verdad y de la misión de Jesús, que ha de culminar en su muerte y su entrega por nosotros.

 LAS PALABRAS

Además de los signos,  el relato evangélico de la transfiguración de Jesús nos presenta el cruce de dos palabras. La palabra humana y la papabra divina:
 •  “Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres tiendas:  una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Esa es la voz de Pedro. Necesitamos descubrir que la belleza más auténtica radica en la verdad. Y que ambas se hacen oración en los que creen. Nos gustaría que toda la humanidad descubriera la belleza del mensaje y de la compañía del Señor.
• “Este es mi hijo, el escogido, escuchadle”. Esa es la voz que viene de la nube, es decir del mismo Dios. Él se nos revela como Padre de Jesús y Padre nuestro. Su voluntad es que escuchemos al que Pedro reconoce como Maestro. Su voz ha de prevalecer sobre todas las voces que tratan de seducirnos. En él está la vida.
 - Señor Jesús, tu transfiguracion en lo alto del monte nos recuerda que eres tan humano que necesitas acercarte a Dios. Y eres tan divino que en ti se cumplen las Escrituras y se  manifesta la gloria del Padre. Ayúdanos a ser testigos de tu misión.   Amén.
                                   José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN. 20 de febrero de 2016

OBRAS DE MISERICORDIA EN EL CAMINO JUBILAR

 El mensaje que el Papa Francisco nos ha dirigido para la cuaresma de este Año Santo de la Misericordia podría ser resumido en estos cinco puntos.
1. En primer lugar, recordamos la misericordia de Dios con Israel.  “Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar sobre su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad”.
2. En un segundo momento, el Papa  evoca la figura de María de Nazaret.  “Después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el ángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido”. Prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo. 
3. Después, Dios derrama su misericordia sobre Hijo hecho hombre, hasta   hacer de él la «Misericordia encarnada». En cuanto hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel y encarna la escucha perfecta de Dios que se pide a todo judió en el texto del Shemà: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5).
Sobre todo, la misericordia divina se ha manifestado en Jesucristo muerto y resucitado.  “En  Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él”. 
4. Ahora bien, la misericordia de Dios se irradia también en la vida de cada uno de nosotros, “impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales”. Por estas obras  nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos. Gestos de ayuda a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu. Sobre esos gestos seremos juzgados por el Señor.
Recordando la parábola evangélica del rico y el pobre Lázaro, el Papa Francisco nos exhorta a ver al pobre que vive a nuestro lado y a reconocer mestra propia pobreza. Esa miseria que nos lleva a usar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino para hacernos olvidar que no somos más que pobres mendigos.  
5. La Cuaresma de este Año Jubilar es un tiempo favorable para salir de nuestra pobretería espiritual gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia.  Tocando en el pobre la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la luz para percibir que él mismo es un pobre mendigo.  Sólo en este amor se calma la sed de felicidad y de amor que pensamos poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Así pues, no perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión.

                                                                  José-Román Flecha Andrés 

viernes, 12 de febrero de 2016

20 VIA CRUCIS DESDE LA PALABRA DE DIOS


20 formularios de Vía Crucis desde la Palabra de Dios, los Santos Padres, los Místicos, la Liturgia y la vida diaria del hombre.

I. EL DON DE DIOS EN JESUCRISTO
1. "El Verbo de Dios se hizo carne"
2. Llamados a seguir a Jesús
3. Jesús nos revela el rostro del Padre
4. Jesús nos revela la dignidad humana
5. "Anunciamos tu muerte"
6. "Proclamamos tu resurrección"
7. "¡Ven, Señor Jesús!"
8. Jesús nos revela la misericordia de Dios
9. Jesús nos revela la fidelidad de Dios
10. El misterio de nuestra redención

II. LA TAREA HUMANA
11. La libertad
12. el don de la fe
13. La esperanza
14. Caridad y solidaridad
15. La verdad
16. La oración
17. La pobreza
18. La fortaleza
19. La humildad
20. El rumor de la vida

III. UN CREDO PARA LA PASCUA

lunes, 8 de febrero de 2016

DOMINGO 1º DE CUARESMA C

REFLEXIÓN - DOMINGO 1º DE CUARESMA. C. 14 de febrero de 2016

SOLO DIOS ES EL SEÑOR
 “Traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”. Con esta ofrenda concluye el llamado “credo” del Israelita, que se contiene en el libro del Deuteronomio (Dt  26,10). Un texto venerable, que une el pasado y el presente del pueblo elegido por Dios.
• Del pasado remoto, se recuerda la época del pastoreo, pero también el hambre que obligó a los antepasados a emigrar a Egipto. Buscaban allí los medios para sobrevivir, pero se vieron obligados a servir en una dura esclavitud.  
• Un segundo momento estaba marcado por la súplica insistente ante el Señor. Y, sobre todo, por la intervencion de Dios, que misericordiosamente abrió ante el pueblo los caminos de la liberación y le entregó una tierra que manaba leche y miel
• El tercer momento es el presente. El israelita se acerca al templo a ofrecer al Señor las primicias de los frutos del campo. Con ese gesto no hace más que devolver a Dios una pequeña parte de lo que ha recibido de Él. Solo Dios es el Señor de su historia, de su vida y de sus bienes. 

TRES OBRAS DE MISERICORDIA

El evangelio  del primer domingo de cuaresma nos recuerda todos los años las tentaciones de Jesús. Este año se proclama el texto del evangelio de Lucas (Lc 4,1-13). Entre las numerosas aplicaciones de este pasaje, el año de la Misericordia puede sugerirnos estas tres.
• Ante la primera tentación, que nos ofrece panes, la primera obra de misericordia nos exhorta a “dar de comer al hambriento”. Pero el Señor nos recuerda que el hambre de nuestros hermanos no se satisface solo con alimentos de la tierra. Hay un Pan que da vida eterna.
• Ante la segunda tentación, que nos ofrece poder y gloria, pensamos en la obra de misericordia que nos lleva a “vestir al desnudo”. El vestido defiende la intimidad y subraya la dignidad de la persona. Pero la gloria verdadera sólo nos la da la escucha de la Palabra de Dios.
• Ante la tercera tentación, que nos sugiere poner a  prueba al mismo Dios, evocamos la obra de misericordia que nos pide “dar buen consejo al que lo necesite”. Por imprudencia y orgullo atentamos contra el amor, la vida y la familia, para culpar cínicamente a Dios.
  
 DE JESÚS A DIOS

Pero el relato evangélico que hoy se proclama no se limita a ofrecernos unas reflexiones sobre el buen comportamiento con nuestros semejantes. Como siempre, el evangelio nos habla  sobre todo de Jesús. Y, en consecuencia,  nos presenta al Dios de Jesús. 
 •  De Jesús se nos dice que en lugar de dialogar con Satanás,  como había hecho Eva en el paraíso terrenal, el Hijo de Dios se refugia en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra. Esa es la sugerencia que nos ofrece el papa Francisco.
• De Dios se nos dice que es el verdadero y único Señor. Satanás afirma tener el poder sobre todo, pero miente. Pretende ser adorado para entregarnos ese poder, pero nos engaña. Solo podemos adorar a Dios. Y lo hacemos gratuitamente, sin aspirar al poder y al tener.  
 - Señor Jesús, sabemos que también hoy la humanidad se pregunta si eres el Hijo de Dios. Nuestra fe lo confiesa sin necesidad de someterte a prueba, como hizo el diablo. Apoyados en la Palabra de Dios, como tú, queremos proclamar tu vida y tu verdad. Amén.

                                                                                        José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 13 de febrero de 2016

                                  
EL HAMBRE Y LA SIEMBRA

“Plántale cara al hambre: siembra”. Así exhorta e interpela a nuestra conciencia y a nuestras estructuras el lema elegido por Manos Unidas para la campaña de este año 2016. La campaña n. 57 se lanza al aire por medio de varios eventos y celebraciones que se agrupan en torno al día 14 de febrero.
Como se sabe, Manos Unidas es una prestigiosa y benemérita ONG de Desarrollo de la Iglesia Católica. Aunque su actividad a favor de la justicia es muy amplia,  se ha dado especialmente a conocer por sus campañas en torno a la Jornada del Hambre en el mundo, que se celebra todos los años en el mes de febrero. 
Pues bien, con esta campaña se inicia un nuevo trienio de lucha contra el hambre en el mundo. A lo largo de estos próximos años, Manos Unidas se propone trabajar para dar respuesta a las causas y problemas que provocan todavía hoy el hambre en el mundo.
Al finalizar el Gran Jubileo del año 2000, el Papa Juan Pablo II se lamentaba de que, a estas alturas de la historia, el hambre fuese todavía un gravísimo problema para el cual no se hallaba una solución. Sabemos que en el mundo unos 800 millones de personas padecen la plaga apocalíptica del hambre.
Como respondiendo a viejos prejuicios, en su exhortación “La alegría del Evangelio”, el papa Francisco  afirma que “existe alimento para todos; el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta…y de la práctica generalizada del desperdicio” (EG 191). Ya desde el primer momento de su pontificado, ha denunciado varias veces el desperdicio de objetos y de alimentos que, lleva también al descarte de las personas que se consideran inútiles en la sociedad.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a la que se ha dirigido recientemente el mismo Papa, le da la razón. De hecho, admite que la capacidad productiva de la población mundial podría ser más que suficiente para alimentar a 12 mil millones de personas. Casi el doble de los siete mil millones de habitantes del planeta. 
Pues bien, aun antes de pensar en las posibles soluciones del drama, la organización Manos Unidas desea  invitarnos a todos a tener ante la vista una triple constatación:
1. El mal uso que generalmente y de forma poco responsable estamos dando a los recursos energéticos y alimentarios y energéticos.
2. La amplia difusión de un sistema económico internacional que privilegia el beneficio y excluye a los más débiles de la sociedad.
3. Un estilo general de vida y de consumo que termina por aumentar la exclusión y la vulnerabilidad de muchos ciudadanos.
Así pues, Manos Unidas cuenta con la generosidad de los católicos y de todas las personas de buena voluntad. Pero su objetivo principal no es pedir una limosna, sino promover un nuevo estilo de vida, cambiar nuestra mentalidad antes que nuestras leyes. La promoción de la siembra es una buena imagen de lo que se impone con urgencia.
                                                                             José-Román Flecha Andrés