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domingo, 22 de marzo de 2015

LECTIO DIVINA-LUNES 5ª SEMANA DE CUARESMA


Lunes V

Dn 13,1-9.15-17.19-30.33-62
Jn 8,1-11

En aquel tiempo Jesús se dirigió al monte de los Olivos, y al día siguiente, al amanecer, volvió al templo. La gente se le acercó, y él, sentándose, comenzó a enseñarles. Los maestros de la ley y los fariseos llevaron entonces a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La pusieron en medio de todos los presentes y dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. En nuestra ley, Moisés ordena matar a pedradas a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. Preguntaron esto para ponerle a prueba y tener algo de qué acusarle, pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en la tierra con el dedo. Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les respondió: “El que de vosotros esté sin pecado, que le arroje la primera piedra”. Volvió a inclinarse y siguió escribiendo en la tierra. Al oír esto, uno tras otro fueron saliendo, empezando por los más viejos. Cuando Jesús se encontró solo con la mujer, que se había quedado allí, se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?”. Contestó ella: “Ninguno, Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar”.
  
Preparación: La sociedad actual se burla del pecado pero condena cruelmente al pecador. Jesús, por el contrario, no trivializa el pecado, pero se compadece del pecador y lo llama a una nueva vida. La cuaresma es tiempo de penitencia. Los dos textos que se proclaman en la Eucaristía de hoy  nos hablan del pecado, ciertamente. Pero sobre todo, nos hablan de la justicia de Dios que se revela en el joven Daniel y que en Jesús se manifiesta como misericordia. 

Lectura: El libro de Daniel contiene el relato sobre Susana, calumniada y condenada por dos ancianos depravados y finalmente liberada del suplicio por el joven Daniel. El evangelio contiene una escena muy semejante. Ante Jesús conducen a una mujer sorprendida en adulterio. Sin duda nos llama la atención que no aparezca el cómplice. Como Daniel, también Jesús pone en evidencia a los acusadores, dispuestos a apedrearla según prescribe la Ley, y absuelve a la acusada.

Meditación: Meditamos la frase que Jesús dirige a los acusadores: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. Condenar a los demás significa casi siempre usurpar una prerrogativa de Dios. Quien condena a los demás se atribuye el poder de juzgarles. Jesús nos recuerda que todos somos pecadores. Con mucha frecuencia caemos en la tentación de la proyección. Acusamos a otros de aquello que mancha nuestra propia conciencia. La frase que dirige a la mujer revela su misericordia y propone un nuevo camino: “Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar”.

Oración: Padre de los cielos, todos los días te pedimos que perdones nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Te damos gracias por tu gran misericordia. Y te rogamos que nos ayudes a ser compasivos y misericordiosos.

Contemplación: Podemos recordar hoy la pintura que refleja la escena de Jesús y la mujer adúltera, que se encuentra en el retablo de la Catedral Vieja de Salamanca. Contemplamos la serenidad y los gestos de Jesús. Según San Agustín, Dios escribió la Ley con su dedo en las tablas de piedra. Jesús escribe en el suelo para revelarnos el contenido de nuestra conciencia. Y según el papa Benedicto XVI “sus palabras están llenas de la fuerza de la verdad, que desarma, que derriba el muro de la hipocresía y abre las conciencias a la justicia mayor, la del amor, en la que consiste el cumplimiento pleno de todo precepto” (Ángelus 21.3.2010).


Acción: Que la meditación de la justicia y la misericordia de Dios no se quede en el aire. El mismo papa Benedicto XVI nos sugiere acercarnos a los ministros del Señor para liberarnos del mal por medio del sacramento de la Reconciliación. Y el Concilio Vaticano II afirma que “la penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social” (SC 110).
                                                                                José-Román Flecha Andrés

lunes, 5 de enero de 2015

LECTIO DIVINA- EPIFANÍA DEL SEÑOR. B


Is 60, 1-6: “Las naciones vendrán a tu luz”
Ef 3,2-3a.5-6: “Los no judíos… tienen parte en la misma promesa”
Mt 2,1-12: “Vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle”.

Enero 6

Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos sabios de Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas, y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle”. El rey Herodes se inquietó mucho al oír esto, y lo mismo les sucedió a todos los habitantes de Jerusalén. Mandó llamar a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos le respondieron: “En Belén de Judea, porque así lo escribió el profeta: ‘En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre las principales ciudades de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que guiará a mi pueblo Israel.’ Entonces llamó Herodes en secreto a los sabios de Oriente, y se informó por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Luego los envió a Belén y les dijo: “Id allá y averiguad cuanto podáis acerca de ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que yo también vaya a adorarlo”. Con estas indicaciones del rey, los sabios se fueron. Y la estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde se hallaba el niño. Al ver la estrella, los sabios se llenaron de alegría. Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no volvieran a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Preparación: El episodio de los Magos es una auténtica parábola sobre el camino que lleva de la increencia a la fe. En los gestos de los Magos descubrimos las actitudes que van llevando al hombre a descubrir la luz y a caminar a su resplandor. La atención a la naturaleza, el ponerse en camino y postrarse en adoración son, en ellos y gracias a ellos, el paradigma del seguimiento cristiano. Y una excelente pauta para nuestra oración.

Lectura: La hermosa profecía incluida en el libro de Isaías exhorta a Jerusalén a alegrarse al contemplar la procesión de los pueblos que un día habrían de llegar hasta su templo “trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor”. • El texto evangélico nos invita a pensar en la universalidad de la salvación. Los pastores que adoraron a Jesús representaban al pueblo de Israel. Los Magos que llegan de oriente, siguiendo la luz de una estrella, evocan la vocación de los demás pueblos y culturas. • A partir de la naturaleza y con la ayuda de la recta razón es posible atisbar la verdad de Dios y la verdad del hombre. • Con razón se dice en la carta a los Efesios que también los no judíos son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Meditación: Según el evangelio que hoy se proclama, Jesús se muestra al mundo por medio de una estrella. No faltan los signos de la presencia de Dios en la historia humana. Pero hace falta salir de nuestros propios intereses para prestar atención a esas señales de salvación. • Los Magos buscan la manifestación de Dios y la encuentran en Jesús. Es decir, en la fuerza de Dios que se manifiesta en la pequeñez, en la sencillez y en la debilidad de la vida. Eso les llena de una inmensa alegría. • Los Magos siguen un camino difícil que tiene por meta al Mesías Jesús. La búsqueda sincera del Señor no quedará defraudada. Pero necesitamos superar el temor y la comodidad. • Recordando la decisión de los Magos, comenta San Juan de Ávila: “Los hombres que por miedo, por vergüenza, dejan de servir a Dios y se vuelven atrás de lo comenzado no son buenos para el cielo”.

Oración: Señor Jesús, como los Magos, también nosotros queremos mantenernos en peregrinación y en búsqueda. Sabemos que Tú eres la meta de nuestro camino. Que tu luz nos guíe para que, abiertos a la verdad, podamos adorarte con la sinceridad de nuestra entrega. Amén.

Contemplación: Contemplamos la escena de la adoración a Jesús por parte de los Magos. Al mismo tiempo, escuchamos con gusto los conocidos versos de Lope de Vega: “Reyes que venís por ellas, no busquéis estrellas ya, porque donde el Sol está no tienen luz las estrellas… Aquí parad que aquí está quien luz a los cielos da: Dios es el puerto más cierto, y si habéis hallado puerto no busquéis estrellas ya”.

Acción: Para llegar hasta el Señor, como los Magos, hay que disponerse a salir de la propia comodidad para ponerse en camino, hay que consultar las Escrituras, hay que decidirse a  adorar solo al Señor y ofrecerle lo mejor de nosotros mismos y retornar a nuestros quehaceres por un itinerario diferente y con un espíritu renovado. 
                                                                                            José-Román Flecha Andrés 

jueves, 25 de diciembre de 2014

LECTIO DIVINA-SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR. B


Is 52,7-10: “Toda la tierra verá la victoria de nuestro Dios”
Hb 1,1-6: “Dios nos ha hablado por su Hijo”
Jn 1,1-18: “La Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros lleno de amor y de verdad”.

DICIEMBRE 25

En el principio ya existía la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla. Hubo un hombre llamado Juan, a quien Dios envió como testigo, para que diera testimonio de la luz y para que todos creyesen por medio de él. Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz. La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo. Aquel que es la Palabra estaba en el mundo, y aunque Dios había hecho el mundo por medio de él, los que son del mundo no le reconocieron. Vino a su propio mundo, pero los suyos no le recibieron. Pero a quienes le recibieron y creyeron en él les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. Y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado. Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros lleno de amor y de verdad. Y hemos visto su gloria, la gloria que como Hijo único recibió del Padre. Juan dio testimonio de él diciendo: “A este me refería yo cuando dije que el que viene después de mí es más impor­tante que yo, porque existía antes que yo”. De sus grandes riquezas, todos hemos recibido bendición tras bendición. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, nos lo ha dado a conocer.

Preparación: En este día de la Natividad del Señor nuestra atención se inclina espontáneamente  a meditar los textos de San Lucas que se leen en la misa de medianoche y en la misa de la aurora. Recordamos los versos de Luis de Góngora: “Caído se le ha un clavel hoy a la Aurora del seno. ¡Qué contento que está el heno, pues ha caído sobre él”. Nos atrae el relato del nacimiento de Jesús, el anuncio del ángel a los pastores y el camino que les lleva hasta el pesebre donde encuentran al Niño.

Lectura: Sin embargo, la misa del día nos ofrece la clave del  misterio del nacimiento de Jesús. En Jesús adoramos y acogemos a la Palabra de Dios que se ha hecho visible. Esa Palabra es nuestro alimento y nuestra luz. La carta a los Hebreos nos recuerda que de muchas formas ha hablado Dios a los hombres. Finalmente nos ha hablado por medio de su Hijo. La Sabiduría eterna de Dios se ha acercado definitivamente a los hombres. La Palabra de Dios se ha hecho carne y ha plantado su tienda en el campamento humano. La Palabra de Dios es luz que ilumina el camino humano.  En este día ponemos especialmente nuestra atención en una frase:  “Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla”.

Meditación: Hoy nos preguntamos qué dificultades invoca nuestro mundo para ignorar o despreciar la luz de la Palabra de Dios. Pero nos preguntamos también por qué razones o sinrazones la olvidamos nosotros. Con todo, en este día nos alegramos y gozamos por el nacimiento de Jesús. Con los versos de López Ranjel, que retoma la Liturgia de las Horas para esta solemnidad, exclamamos: “Hoy grande gozo en el cielo todos hacen, porque en un barrio del suelo nace Dios. ¡Qué gran gozo y alegría tengo yo!”

Oración: “Señor todopoderoso, concede a los que vivimos inmersos en la luz de tu Palabra hecha carne, que resplandezca en nuestras obras la fe que haces brillar en nuestro espíritu. Amén”.

Contemplación: Nuestra contemplación recibe hoy una especial inspiración de San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia: “¡Bendito sea tal niño y tan provechoso como éste! Comencemos vida nueva pues el Niño la comienza. ¡Que te vea yo, Rey mío, en el  lugar más bajo, en un pesebre, y que quiera yo ser honrado! ¡Que te vea yo pobre y que quiera ser rico! ¿Qué trabajéis vos por mí y descanse yo? Yo seré vuestro compañero. Con vos me quiero ir, pues que vais por mis negocios. ¡Enhorabuena nazcáis! ¡Enhorabuena se ponga el Hijo de Dios en el pesebre para mi remedio y para enseñar el amor que nos tiene!”


Acción: Miremos a nuestro alrededor. Prestemos atención a las personas que tienen dificultades para vivir hoy la alegría de la Natividad del Señor. Y oremos por todos los que no han llegado a vislumbrar la luz que brota de su Palabra.
                                                                  José-Román Flecha Andrés 

viernes, 19 de diciembre de 2014

LECTIO DIVINA- SÁBADO 3ª SEMANA DE ADVIENTO.B


Is 7,10-14: “La joven está encinta y va a tener un hijo”
Lc 1,26-38: “El niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios”

DICIEMBRE 20

A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a visitar a una joven virgen llamada María que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró donde ella estaba, y le dijo: “¡Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo”. Cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo: y Dios el Señor lo hará rey, como a su antepasado David, y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin”. María preguntó al ángel: “¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo se posará sobre ti y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo; la que decían que no podía tener hijos está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible”. Entonces María dijo: “Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho!”. Con esto, el ángel se fue.

Preparación: La imagen del cetro real ya ha aparecido varias veces en las lecturas bíblicas del Adviento. La cuarta de las antífonas mayores del Adviento añade hoy la imagen de la llave. El Señor, cuyo nacimiento esperamos, es invocado como Llave de David. Él y solo Él puede abrir la puerta que nos descubre los caminos de la libertad. Él ha concedido las llaves del Reino a su Iglesia. Por medio de ella, pedimos en la oración de este día la reconciliación con Dios.

Lectura: La primera lectura nos recuerda al rey Ajaz. Teme que sus enemigos lleguen a asediar la ciudad de Jerusalén. El profeta Isaías le asegura que eso no sucederá. Y le ofrece una señal: una joven está embarazada y dará a luz un hijo. Le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”. • Haciéndose eco de aquella profecía, el evangelio nos presenta la anunciación del Ángel a María, la llena de gracia, la favorecida por Dios. También ella va a tener un hijo. Ese niño  no sólo significará la salvación y la esperanza, como el anunciado por Isaías. El hijo de María será el Salvador de su pueblo y la esperanza para todos los pueblos.

Meditación: Dios tiene un plan de salvación para la humanidad. Pero necesita de la colaboración de una joven. Y de nuestra colaboración. La gracia no elimina de plano las dudas que nos embargan, como turbaron a María. Pero la gracia de Dios nos ayuda a superarlas. Aceptar, como María, la propuesta y los planes de Dios no nos facilita la vida. Al contrario, nos la complica con nuevas responsabilidades. Pero aceptar la palabra de Dios traerá un río de gracias que nos desbordará a nosotros mismos. • A la hora del Angelus, del día 8 de diciembre de 2013, decía el Papa Francisco: “María nos sostiene en nuestro camino hacia la Navidad, porque nos enseña cómo vivir este tiempo de Adviento en espera del Señor”.

Oración: “Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte”.

Contemplación: En la cripta de la basílica de la Anunciación, en Nazaret, se conserva una cueva. En el frontal del altar está escrito: “Aquí el Verbo de Dios se hizo carne”. En una peregrinación virtual, nos recogemos silenciosamente en ese lugar, contemplando el misterio. • Dios se ha hecho hombre para que el hombre pueda participar  en su divinidad. El Señor se ha hecho esclavo para que los esclavos puedan  compartir su señorío. Aceptar, como María, la voluntad de Dios puede cambiar para siempre nuestra vida. Y la de muchas otras personas.

Acción: Hoy tendremos que preguntarnos qué nos pide Dios en este preciso momento de nuestra vida para que su Reino pueda hacerse más visible en este mundo.

                                                                José-Román Flecha Andrés

sábado, 13 de diciembre de 2014

LECTIO DIVINA-SÁBADO 2ª SEMANA DE ADVIENTO.B


Eclo 48,1-4.9-11: “Elías era un profeta como de fuego”
Mt 17,10-13: “Elías ya ha venido, pero no lo reconocieron”

DICIEMBRE 13

En aquel tiempo los discípulos preguntaron a Jesús: “¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías tiene que venir primero?”. Jesús contestó: “Es cierto que Elías ha de venir y que ha de poner todas las cosas en orden. Sin embargo, yo os digo que Elías ya vino, pero ellos no le reconocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron. De la misma manera va a sufrir a manos de ellos el Hijo del hombre”. Entonces comprendieron los discípulos que Jesús les estaba hablando de Juan el Bautista.

Preparación: Por tercer día consecutivo aparece en el evangelio de hoy la figura de Juan el Bautista. La liturgia insiste en orientar nuestra atención al Precursor. Santa Teresa escribía: “Mirad la estima que ponía [Cristo] a san Juan Bautista, que le quería tener por el Mesías, y en cuánto y por qué le descabezaron”.

Lectura: Hoy se interrumpe la lectura del libro de Isaías y se sustituye por un poema con el que el Sirácida recuerda la figura de Elías. Aquel profeta, comparado con el fuego, trataba de preservar el culto del Dios de Israel frente a la imposición del culto a Baal. La tradición decía que sería de nuevo enviado para restablecer la armonía entre las familias y las tribus de Israel (Ml 3,24). Pues bien, esa tradición llega hasta Jesús. Él no niega su valor, pero la interpreta. “Es cierto que Elías ha de venir y que ha de poner todas las cosas en orden. Sin embargo, yo os digo que Elías ya vino, pero ellos no le reconocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron”. El texto añade una precisión importante. Al igual que Juan el Bautista, también Jesús ha de padecer a manos de los que rechazan a los profetas.

Meditación: Los profetas anunciaban el futuro de la salvación. Pero, sobre todo, ayudaban con su palabra a leer la voluntad de Dios sobre la historia presente. El profeta Juan Bautista prepara con su palabra y su vida los caminos de Jesús y con su muerte preanuncia la pasión y muerte del Mesías. No nos extrañe que en este tiempo de Adviento aparezca  ya este anuncio de la pasión de Jesús. El mensaje y la vida del Mesías fueron interpelantes en su tiempo y lo son y serán en todos los tiempos. Para Jesús no fue fácil hacer presente en el mundo la misericordia de Dios. Jesús es el Redentor, es decir, el que nos rescató de la esclavitud al precio de su propia sangre.

Oración: Señor, que tu Espíritu nos ayude a abrir los ojos para descubrir a los profetas que tú  nos envías. Que escuchemos su palabra con humildad. Y que pongamos en práctica las enseñanzas que por ellos tú mismo nos diriges. Amén.

Contemplación: Muerto el cantor, no muere el cantar. Hoy nos preguntamos por qué no aceptamos el mensaje con el que Juan Bautista invitaba a la conversión a todos los que acudían a hacerse bautizar por él a las orillas del Jordán. Su voz sigue viva. Juan nos recuerda que esta es la nueva era de los mártires. Con su palabra silenciosa, con su testimonio diario y con la entrega final de sus vidas nos recuerdan cada día la presencia de Dios. Con ellos contemplamos la gloria del Señor. Y, gracias a su ejemplo, queremos caminar en fidelidad por las sendas del Evangelio.

Acción: Busquemos la historia de los mártires más recientes. La lectura de esos relatos nos ayudará a examinar la consistencia de los pretendidos valores por los que decimos luchar. Y nos llevará a descubrir el valor del tesoro y de la perla que representan la gracia del Reino de Dios (Mt 13,44-46).
                                                                                          José-Román Flecha Andrés

domingo, 7 de diciembre de 2014

LECTIO DIVINA-LUNES 2ª SEMANA DE ADVIENTO. B

 

Gn 3,9-15.20: “La madre de todos los que viven”
Ef 1, 3-6.11-12: “Dios nos eligió en la persona de Cristo”
Lc 1,26-38: “Hágase en mí según tu palabra”

DICIEMBRE 8  Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

En aquel tiempo envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret, a visitar a una joven virgen llamada María que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró donde ella estaba, y le dijo: “¡Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo”. Cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo: y Dios el Señor lo hará rey, como a su antepasado David, y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin”. María preguntó al ángel: “¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo se posará sobre ti y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo; la que decían que no podía tener hijos está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible”. Entonces María dijo: “Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho!”. Con esto, el ángel se fue.

Preparación: En el Aula Magna de la Universidad Ponrificia de Salamanca, la pintura del frente refleja la sesión V del Concilio de Trento, sobre el pecado original, del cual fue exenta la Inmaculada Virgen María, que preside la escena. En el tiempo del Adviento, la fiesta de la Concepción Inmaculada de María nos alienta en el camino de la esperanza. Dios ha querido ofrecer a la humanidad un icono de la perfección, de la limpieza y de la belleza. Así lo predicó en este día de 1959 el cardenal Montini, arzobispo de Milán y futuro papa Pablo VI. Nuestra oración de hoy brota de la íntima alegría de saber que nuestra humanidad está llamada a realizar esos altos ideales.  

Lectura: Hoy se proclama el relato evangélico de la Anunciación a María. En él escuchamos las palabras que el ángel del Señor dirige a María de Nazaret: “María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios”. Ese saludo convierte a María en imagen de todo el género humano. Con él se inicia el gran Adviento de la historia humana. Con él renace la esperanza. La humanidad no tiene nada que temer de la divinidad. Dios no es un enemigo de la causa y de la libertad humana. Por medio de María, Dios nos ofrece su amable cercanía. Lo que perdió EVA, “la madre de todos los que viven”, ha sido felizmente recuperado gracias al AVE que el ángel Gabriel dirige a María.

 Meditación: Desde lo más hondo de su existencia, María refleja fielmente la misericordia de Dios y sabe traducirla en fidelidad. Dios nos crea y nos sostiene. María fue siempre fiel al proyecto de Dios. También a nosotros, Dios se nos da gratis, pero espera nuestra respuesta. La sintonía de María con la salvación ofrecida por Dios a la humanidad es un don gratuito, pero encontró en ella una respuesta libre y generosa. Muy pobre es nuestra fe si no es capaz de superar el temor y no nos ayuda a aceptar el don de la gracia que Dios nos ofrece cada día. En la misa de la clausura del Concilio, el día 8 de diciembre de 1965, el mismo papa Pablo VI nos decía que “la belleza de María Inmaculada se convierte para nosotros en un modelo espiritual, en una esperanza confortadora”.

Oración: “Oh Dios, por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu hijo una digna morada. En previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado. A nosotros concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Amén”.

Contemplación: Hoy nuestro corazón se esponja en la contemplación de Dios, que decide  ofrecer a la humanidad un rayo de esperanza. Con las palabras del prefacio de la misa de esta solemnidad nos gozamos en la limpieza de María: “Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad”.

Acción: Dediquemos hoy algún tiempo a tratar de descubrir los signos de esperanza que se encuentran en nosotros mismos, en los demás y en toda la humanidad. Y demos gracias a Dios por todos ellos.
                                                                    José-Román Flecha Andrés

domingo, 30 de noviembre de 2014

LECTIO DIVINA- LUNES 1ª SEMANA DE ADVIENTO-B


Is 2,1-5: “Venid subamos al monte del Señor”
Mt 8,5-11: “Vendrán muchos de Oriente y de Occidente”

DICIEMBRE 1 

Al entrar en Cafarnaún, un centurión romano se le acercó para hacerle un ruego. Le dijo: “Señor, mi asistente está en casa enfermo, paralítico, sufriendo terribles dolores”. Jesús le respondió: “Iré a sanarlo”. “Señor -le contestó el centurión-, yo no merezco que entres en mi casa. Basta que des la orden y mi asistente quedará sanado. Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando a uno de ellos le digo que vaya, va; cuando a otro le digo que venga, viene; y cuando ordeno a mi criado que haga algo, lo hace”. Al oír esto, Jesús se quedó admirado y dijo a los que le seguían: “Os aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre. Y os digo que muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos”.

Preparación: Hasta el día 16 de diciembre, en la liturgia del Adviento se proclaman algunos textos del libro del profeta Isaías. Esos textos determinan la selección del texto evangélico. La visión de las gentes que suben hasta Jerusalén motiva hoy nuestra oración para que nos mantengamos en el camino de la fe y la esperanza.

Lectura:   El profeta Isaías vivía en Jerusalén. Como vemos, imagina y espera la peregrinación de los pueblos de la tierra que un día subirán a Jerusalén para escuchar la palabra del Señor. Del monte Sión los gentiles recibirán la luz para establecer las condiciones para la paz. Pues bien, según el evangelio un militar, seguramente pagano, se acerca a Jesús para pedirle la curación de un asistente suyo. Jesús alaba la fe de aquel extranjero que anticipa la gran peregrinación de los pueblos gentiles que vislumbraba Isaías. Ante los discípulos se abre la perspectiva de la universalidad de la salvación. Los hijos de Abraham no son solamente los que tienen su sangre, sino los que comparten su fe.

Meditación: Al celebrar los 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús recordamos unas palabras suyas, que bien pueden aplicarse a nuestro tiempo: “Está tan muerta la fe que creemos más lo que vemos que lo que ella nos dice”. El Adviento nos recuerda que la esperanza no puede reducirse a un mero sentimiento. Esperar es confiar. Y confiar es el fruto primero de la fe. En un tiempo de cansancio y de crisis, hemos de volver nuestros ojos al Salvador. Y orar confiadamente. La salvación sólo puede venir de él. Nos preocupa el dolor de la humanidad. Por eso imploramos la misericordia del Señor. El amor se manifiesta en obras. Y también en la seriedad de nuestra oración de intercesión, como nos indica el Papa Francsico en la exhortación “La alegría del Evangelio”.

Oración: Señor Jesús, todos conocemos muchos enfermos de cuerpo y de alma. Te recordamos la situación de nuestros hermanos abatidos por la enfermedad y el desaliento. Y también la angustia de todos los que son perseguidos tan sólo por ser cristianos. Confiamos en ti. Si nuestra fe es escasa, tu misericordia es abundante. 

Contemplación: Nuestra oración corre el peligro de ser demasiado interesada. Casi siempre llevamos a nuestra oración nuestras necesidades y deseos. También nuestros intereses. El tiempo de Adviento nos invita a abrir el corazón a la universalidad y a la solidaridad. Nuestra fe no puede tener fronteras. Como no la tenía aquella esperanzada peregrinación de los pueblos que ya soñaba Isaías.


Acción: Hagamos hoy silencio para contemplar la misericordia de Dios. Nuestra esperanza inspira hoy nuestra oración por las personas que sufren.  Las que están lejos de nosotros y las que viven a nuestro lado. Que la oración nos  lleve a proyectar compromisos concretos a favor de los que tienen pocas razones para esperar.
                                                                                     José-Román Flecha Andrés