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martes, 17 de marzo de 2015

REFLEXIÓN-DOMINGO 5º DE CUARESMA. B. 22 de marzo de 2015


EL GRANO DE TRIGO

“Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo… Todos me conocerán, desde el pequeño al grande, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados”. Ese es el contenido y el signo de la nueva alianza que Dios anuncia a su pueblo por medio del profeta Jeremías (Jer 31-31-34).
Comenzaba la cuaresma recordando la alianza  que Dios prometía a Noé después del diluvio. Aquella promesa no ha sido vana. Los domingos de cuaresma nos han ido presentando las diversas manifestaciones de la alianza de Dios no solo con su pueblo, sino también con toda la humanidad y aun con la creación entera.  
Hoy se nos dice que esa alianza está escrita en el corazón de todos los hombres. Y que su signo es precisamente el perdón y la misericordia de Dios. Nadie es capaz de perdonarse a sí mismo. Sólo Dios nos absuelve. Sólo Dios puede crear en nosotros un corazón nuevo.

 EL DESEO

El evangelio de Juan evoca una escena muy interesante. Algunos paganos que han acudido a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, comunican a dos de los discípulos de Jesús que desean ver a su Maestro (Jn 12,20-33). El relato es paradójico al menos por tres motivos.
• Aquel deseo de los paganos podría haber suscitado en Jesús un sentimiento de alegría y de humana satisfacción. Perseguido y humillado en su propio pueblo, Jesús se veía reconocido por los extranjeros. Llegaba el momento en que iba a ser glorificado por los de fuera.
• Sin embargo, aquella glorificación no era la que cualquier maestro o predicador podría esperar. Jesús sabe que la hora de su glorificación coincide con la hora de su entrega y de su muerte. Jesús es el grano de trigo sepultado en el surco. Sólo así dará mucho fruto.
• La mayor parte de nosotros buscamos un momento de gloria en el reconocimiento social de nuestras obras. El evangelio deja bien claro que la gloria de Jesús viene solamente del Padre de los cielos, no del aplauso humano.

EL SERVICIO

Aun así, Jesús reconoce que su sacrificio será muy significativo para el mundo: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí”. Pero esa atracción no pasa por el triunfo humano sino por un servicio, al que se alude por tres veces: 
• “El que quiera servirme que me siga”. Los paganos buscan ver a Jesús, pero Jesús dirá que son dichosos los que creen sin haber visto. Hay que aprender a seguirle por el camino para servirle como a nuestro Maestro y nuestro Señor.
• “Donde esté yo, allí también estará mi servidor”. Si con frecuencia caemos en la tentación de la altanería, Jesús nos recuerda que estamos llamados al servicio. Lo compartimos con él en la vida y lo compartiremos con él en la gloria.
• “A quien me sirva, el Padre lo premiará”. Al fin de la jornada, lo que realmente vale ante el Padre celestial no son nuestros triunfos sociales, sino el humilde servicio que cada día prestamos a su Hijo y a su mensaje.
- Padre santo, que tu voz nos ayude a descubrir la vida y el misterio de tu Hijo, para que nos dispongamos a seguir sus pasos con alegría y podamos mostrar a todos los hombres el camino que lleva hasta Él. Amén
                                                                                  José-Román Flecha Andrés

miércoles, 11 de marzo de 2015

REFLEXIÓN-DOMIN GO 4º DE CUARESMA 15 de marzo de 2015


                           El Monte Nebo (Jordania) recuerda el lugar donde Yahvé mostró a Moises la Tierra Prometida,

       EL SIGNO DE LA SERPIENTE

“El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra” (2Cr 36,23). Así habla Ciro, rey de los persas. Sus palabras se repiten al principio del libro de Esdras. La conquista de Babilonia por parte de Ciro es una buena noticia para los hebreos. Termina el tiempo de su exilio y se anuncia la posibilidad de retornar a Jerusalén y reedificar el templo.  
El segundo libro de las Crónicas presenta el exilio como un castigo de Dios por los pecados de su pueblo y por la dureza del corazón de sus gentes. Dios siempre había tenido  compasión de su pueblo. Por eso le había enviado mensajeros, pero las gentes se burlaron de ellos y despreciaron a los profetas.
A pesar de todo, prevalece la misericordia del Señor. Ciro es su mensajero. Y el gran rey reconoce que solo de Dios le ha venido el imperio. Así que Ciro aparece como un salvador enviado por el mismo Dios. Con él se empieza a entrever la continuidad de las instituciones davídicas.  

VIDA ETERNA

Cuatro palabras se repiten una y otra vez en el evangelio de Juan que se proclama en este cuarto domingo de Cuaresma: la salvación y la creencia, la vida eterna y la luz (Jn 3, 14-21).
• La salvación es liberación del mal. En el diálogo con Nicodemo, Jesús se compara con la serpiente de bronce que Moisés había levantado en el desierto. Los que volvían a ella sus ojos reconocían sus propios pecados. En Jesús levantado en alto descubrimos la misericordia de Dios que perdona nuestros pecados. “Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”. 
• En esta primera mención a la fe, hasta cinco veces se habla de la necesidad de “creer” en Jesús y en su nombre, es decir en su misión. Esa es la actitud fundamental y necesaria para la salvación: “El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.
• La vida eterna es un don que Dios entrega a los creyentes por medio de Jesús. O mejor, Jesús es el verdadero don de Dios. Quien crea en él tendrá vida eterna. La entrega de Jesús es signo del amor de Dios: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”.

LA LUZ Y LA VERDAD

La cuarta palabra que emplea este texto del evangelio de Juan es la luz. Los hombres a veces la detestan. Otras veces prefieren las tinieblas. Pero algunos se acercan a la luz.  Evidentemente, la luz no es algo, sino alguien. Con ella se identifica Jesús. 
• Detestan la luz todos aquellos que obran perversamente, porque no quieren verse acusados por la maldad de sus acciones u omisiones
• Prefieren las tinieblas a la luz todos aquellos que en el fondo de su conciencia han llegado a descubrir que sus obras son malas.
• Y se acercan a la luz los que realizan la verdad. La verdad no es algo que se conoce o se sabe. La verdad se practica cuando las obras son hechas según los planes de Dios.
- Padre santo, que tu Espíritu nos ayude a practicar la verdad, amar la luz y creer en tu Hijo Jesucristo, para que su salvación nos dé vida eterna. Amén
                                                                                                  José-Román Flecha Andrés

viernes, 6 de marzo de 2015

REFLEXIÓN- DOMINGO 3º DE CUARESMA. B. 8 de marzo 2015

EL TEMPLO Y JESÚS

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí” (Éx 20,2). Así suena la introducción al Decálogo que, de parte de Dios, Moisés entrega al pueblo de Israel. Antes de enumerar los mandamientos, se recuerda la acción liberadora de Dios. La iniciativa ha venido de Él.
A la luz de ese recuerdo, los mandamientos se entienden como la respuesta humana a aquella iniciativa de Dios. Si el pueblo quiere ser libre habrá de tutelar los grandes valores morales, como la dignidad de la familia y de la vida humana, la armonía del matrimonio, la promoción de la justicia y el testimonio de la verdad. 
Pero, junto a esos valores humanos, que garantizan la paz y la convivencia social, hay que descubrir el valor de lo divino. Sólo Dios es Dios. Poner a las cosas o a las estructuras en el puesto de Dios es caer en el barranco de la idolatría.

ENTREGA Y PROMESA

En este tercer domingo de cuaresma se proclama un conocido relato del evangelio de Juan (Jn 2, 13-25). En vísperas de la fiesta de la Pascua, Jesús expulsa de  los pórticos del templo de Jerusalén a los mercaderes que venden bueyes, ovejas y palomas para los sacrificios y a los que cambiaban el dinero profano por las monedas aceptadas para las ofrendas.    
Como se ve, la actividad de los mercaderes estaba al servicio del culto que se celebraba en el templo. Pero oscurecía el camino de la fe y apagaba la alegría de los salmos de los peregrinos que llegaban de lejos. El texto nos dice que solo Dios es Dios. Es fácil sustituirle por los ídolos. Hasta el comportamiento más cercano a lo sagrado puede estar impregnado por la mundanidad.
Los fariseos piden a Jesús un signo que demuestre la autoridad con la que actúa al expulsar a los vendedores y oponerse al sistema establecido. Pero no son capaces de admitir los signos de misericordia y compasión que Jesús va derramando por todas partes. Y menos aún reconocen a Jesús como el verdadero y definitivo signo de Dios.

LOS SIGNOS Y LA VOZ

El relato evangélico de la limpieza del templo incluye una triple observación que merece ser meditada también en estos días:
• Jesús hablaba del templo de su cuerpo. Cristo muerto y resucitado es el templo último y definitivo. Su humanidad era, es y será el espacio en el que Dios se manifiesta al hombre y en el que los hombres pueden acercarse  verdaderamente a Dios.
• Jesús ofrecía como signo su poder para reconstruir el templo. Pero no se refería a la construcción herodiana, sino a su propio cuerpo. En él descubrimos a Dios. En él damos gloria a Dios y nos encontramos en oración con todos los creyentes.
• Cuando Jesús resucitó, sus discípulos se acordaron de sus palabras y dieron fe a la Escritura y a la palabra de Jesús. No se trata solo de un recuerdo psicológico. Se trata de una memoria en el Espíritu, que lleva a los discípulos hasta la verdad plena.
- Padre santo, que tu Espíritu nos ayude a descubrir el valor de tus mandamientos, a reconocer a Jesús resucitado como el signo definitivo de tu misericordia y a creer en su palabra de vida y salvación.
                                                                                José-Román Flecha Andrés

jueves, 26 de febrero de 2015

REFLEXIÓN-DOMINGO 2º DE CUARESMA. B. 1 de marzo de 2015

                
EL HIJO AMADO

“No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo” (Gén 22,12). El ángel del Señor detiene así la mano de Abrahán, dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac. A cambio Dios le promete  la bendición de una descendencia innumerable, como las estrellas del cielo y las arenas de las playas.  
Este relato bíblico ha escandalizado a muchos creyentes, que se preguntan cómo Dios puede pedir a un padre que le sacrifique su único hijo. El contexto histórico cultural puede ayudar a entenderlo. Los pueblos cananeos, como tantos otros, reconocían a sus dioses como origen y dueños de la vida. Por eso les ofrecían la vida de los primogénitos.
Pero el pueblo de Israel ha comprendido que su Dios no quiere la vida humana. Y que ésta puede ser representada por el sacrificio de un animal. Andando el tiempo habrá de descubrir que no basta ofrecer la sangre de un animal. Dios prefiere el sacrificio de un corazón contrito y humillado. Ese es el verdadero sacrificio. Abrahán ha dado prueba de su obediencia a Dios. Y eso basta para demostrar su fidelidad y alcanzar las bendiciones del Señor.

ENTREGA Y PROMESA

En este segundo domingo de cuaresma el evangelio de Marcos (Mc 9, 1-9) propone a nuestra meditación el relato de la transfiguración de Jesús en el monte. Cabe preguntarse qué relación guarda este texto con el del libro del Génesis que se lee en la santa misa.  
• Si Abrahán había decidido no reservarse a su único hijo, Isaac, tampoco el Padre celestial se reserva a Jesús, su Hijo amado.  Jesús es el nuevo Isaac que carga con el instrumento de su sacrificio para subir hasta el monte, en el que se ha de consumar su sacrificio.
• Si la mano de Abrahán es detenida por el ángel del Señor, que le revela la voluntad de Dios, también Jesús habrá de recibir la visita del ángel, que le revelará el sentido de su entrega y de su sacrifico.
• Si la voluntad de sacrificar a Isaac se convierte para Abrahán en anticipo y profecía de la vida de todo un pueblo, también el sacrificio de Jesús será signo y promesa de una amplia y gozosa fecundidad.  

LOS SIGNOS Y LA VOZ

El relato evangélico de la transfiguración de Jesús  nos revela la identidad y la misión de Jesús, alimenta nuestra contemplación y orienta nuestra vida de creyentes:
• Jesús aparece acompañado por Moisés y Elías. Es decir, los discípulos hemos de entender que en él se cumplen las esperanzas que previeron y anunciaron tanto la Ley como los profetas.
• Jesús se transfigura en lo alto de un monte, mientras una nube cubre a sus discípulos. Es decir, hemos aprendido que Jesús está en contacto con Dios y que la majestad de Dios envuelve a sus seguidores.   
 • Jesús es presentado a los discípulos por una voz celestial: “Este es mi Hijo amado; escuchadle”. Es decir, Jesús es el Hijo amado de Dios, que se entrega por nosotros y nosotros estamos llamados a escuchar su palabra y vivir su mensaje .
- “Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alégranos con el gozo interior de tu palabra; y, purificados por ella, contemplaremos con mirada limpia la gloria de tus obras. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.
                                                          José-Román Flecha Andrés


REFLEXIÓN-DOMINGO 1º DE CUARESMA. B. 22 de febrero de 2015


ALIANZA Y SEÑORÍO

“Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganado y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra!” (Gén 9,9-10). Con esas palabras, Dios promete a Noé una alianza cósmica que tendrá como signo el arco iris.
El texto termina anunciando que “el diluvio no volverá a destruir a los vivientes”. Pero esa negación comporta la oferta preciosa de un don divino. Dios establece una armonía entre el ser humano y su mundo. Esa armonía es el reflejo de la alianza del Creador con toda su creación.
Ahora bien, como en tantas otras ocasiones en la vida del hombre y en sus relaciones con Dios, el don lleva consigo una tarea. Si Dios es fiel a su alianza, también el ser humano ha de procurar aprender la fidelidad. Recibir el regalo de la tierra, cuidarla y aprender a ver en ella el rastro de Dios. Sólo entonces su vida podrá transcurrir en la armonía del paraíso.

EN EL DESIERTO

En el primer domingo del tiempo cuaresmal recordamos todos los años que al principio de su vida pública,  Jesús fue tentado por Satanás. Los evangelios de Mateo y de Lucas se detienen a narrar las tres tentaciones. El texto del evangelio de Marcos (Mc 1,12-15) se refiere a ellas de una forma general. Pero en su brevedad, incluye algunas notas muy importantes:
• “El Espíritu empujó a Jesús al desierto”. En su bautismo, Jesús había sido presentado por el Espíritu como el Hijo amado de Dios. Pero vivir como Hijo no iba a ser fácil. El mismo Espíritu lo expulsa de su tranquilidad para llevarlo al escenario de la prueba. Como a nosotros.
• “Jesús se quedó en el desierto durante cuarenta días”. El desierto y los cuarenta días nos recuerdan la experiencia religiosa de Moisés y de todo el pueblo de Israel. Es ahí donde Jesús ha de comenzar a vivir su verdad y a revelarnos la honda verdad del ser humano.
• “Jesús se dejó tentar por Satanás”. Marcos no habla del ayuno de Jesús. Su prueba consiste en encontrarse frente a frente con Satán. El Príncipe de la verdad y de la vida se enfrenta al príncipe de la mentira y de la muerte. Esa es también nuestra prueba. 

EN EL UNIVERSO

Hay una cuarta nota, que sólo se encuentra en el evangelio de Marcos: en el desierto, Jesús vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Es decir, en el desierto se nos revela el señorío de Jesús sobre el universo y sobre la historia. El nuevo Adán retorna al paraíso.
• “Vivía entre alimañas”. Jesús ha sabido someter a los poderes del mal, de la injusticia y de la opresión que tratan de establecer su dominio sobre el mundo. Jesús es sometido a prueba, pero logra mantener su libertad ante el mal. Una fidelidad que se espera también de nosotros. 
• “Los ángeles le servían”. Los ángeles son los servidores de Dios. Y son enviados para colaborar con Jesús en la obra que le ha sido encomendada. Combatido por las fieras que sirven a Satán es ayudado por los ángeles que sirven a Dios. Y esa es también nuestra suerte.  
 - Señor Jesús, tu estancia en el desierto nos ayuda a descubrir nuestra vocación y nuestra misión. Ayúdanos a mantenernos fieles a la alianza con Dios. De esa forma podremos hacer visible la paz en la creación y en la sociedad. Amén.   
                      
 José-Román Flecha Andrés


sábado, 17 de enero de 2015

REFLEXIÓN-DOMINGO 2º TIEMPO ORDINARIO.B. 18 de enero de 2015



LA LLAMADA Y EL ANUNCIO

“Aquí estoy. Vengo porque me has llamado”. Hasta tres veces repite el niño Samuel estas palabras que se recogen en la prime  lectura de la misa de hoy (1Sam 3,3-10.19). La escena se sitúa en el Santuario de Silo. El pequeño oye que alguien le llama durante la noche y acude presuroso a ponerse a las órdenes del sacerdote Elí.
Pero no es el sacerdote quien le ha llamado. Él es el primero en comprender que esa  voz misteriosa viene de lo alto. El niño ha sido elegido por el Señor. Así que cuando de nuevo le despierta la voz que le llama, Samuel pronuncia la oración que le ha sugerido el mismo Elí: “Habla Señor que tu siervo escucha”.
A lo largo de nuestra vida hemos meditado muchas veces esas palabras del pequeño Samuel. Y las hemos adoptado como modelos de oración. También nosotros nos ponemos a disposición del que nos ha llamado. Sabemos que nuestra vida puede cambiar totalmente si escuchamos con atención la voz del que nos habla en la noche. 

LA BÚSQUEDA

También el evangelio que hoy se proclama nos ayuda a repensar el misterio de la llamada. Juan Bautista descubre entre sus oyentes a Jesús y lo presenta como el Cordero de Dios. Dos de sus discípulos, Andrés y otro de ellos, dejan al Bautista y lo siguen. “¿Qué buscáis?” Esa pregunta de Jesús se dirige a todos nosotros.
En realidad, esa pregunta se dirige a toda la humanidad. Cada uno de nosotros se define por sus búsquedas. Nuestros afanes de cada día revelan nuestros intereses. Aunque no queramos admitirlo, dejan al descubierto nuestras necesidades más hondas. Y esa idea escondida y profunda que tenemos de nosotros mismos. Nuestro yo ideal.
Los dos discípulos preguntan a Jesús donde vive. Y él responde con una invitación: “Venid y lo veréis”. Como sabemos, Jesús no tiene dónde reclinar su cabeza. Aquel encuentro con Jesús debió de llevarles a comprender  que lo importante de Jesús no era lo que tenía, sino lo que era. Una importante lección que el Maestro guarda también para nosotros.

EL ENCUENTRO

Pero los dos curiosos discípulos de Juan aprendieron bien esa lección. Comprendieron que su aprendizaje junto al Precursor los llevaba definitivamente hacia el Anunciado. Algo podemos percibir por la frase que Andrés dirige a su hermano Simón:
• “Hemos encontrado al Mesías”. Su curiosidad no ha sido en vano y se ha visto coronada por un premio no esperado. Los dos discípulos del Bautista han pasado ya de la búsqueda al encuentro, del Siervo al Señor y del profeta al Mesías.
• “Hemos encontrado al Mesías”. Él pequeño Samuel había escuchado la voz de Dios durante la noche y en el ámbito sagrado del santuario. Los discípulos de Juan han encontrado al que es la Palabra de Dios a pleno día y en el espacio abierto entre el río y el desierto. 
• “Hemos encontrado al Mesías”. El niño Samuel oyó una voz de Dios que había de transmitir al sacerdote Elí. Los discípulos de Juan escucharon al enviado de Dios y supieron que habían de anunciar  a los demás aquel encuentro.
- Señor Jesús, tú sabes que nuestras búsquedas nos dejan siempre insatisfechos. Pero nosotros sabemos y confesamos que tú eres la meta de nuestra búsqueda. Mándanos ir a tí para que podamos anunciarte a nuestros hermanos. Amén.

                                                                        José-Román Flecha Andrés

viernes, 19 de diciembre de 2014

REFLEXIÓN-DOMINGO 4º DE ADVIENTO.B 21 de diciembre de 2014


EL REY Y LA SIERVA

“Afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo”. Esa es la promesa que Natán transmite a David de parte de Dios. Merece la pena leer toda la profecía que hoy se proclama en la primera lectura de la misa  (2 Sam 7).
David ha manifestado su voluntad de construir una casa para el Señor. Pero, por medio del profeta, Dios le comunica que es Él quien ha decidido elegir la casa de David, protegerla y conservar a sus descendientes en el trono: “Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre”.  
Junto a la alianza entre Dios y su pueblo, se establece ahora otra relación especial con David, que se manifestará en nuevas bendiciones. El hijo de David no será hijo de Dios por naturaleza. Nunca podrá ser divinizado.  Pero será hijo de Dios por elección  y por una especie de  adopción. Por eso habría de ser un signo de su gracia.  

EL HIJO DEL ALTÍSIMO

En el evangelio que hoy se lee (Lc 1, 26-38) el anuncio del ángel Gabriel a María recuerda aquella profecía de Natán: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.
• Jesús es heredero de la estirpe de David. Su realeza es hereditaria. Él viene a remediar el fracaso de los reyes descendientes de David que no fueron fieles a la alianza. Jesús viene, sobre todo, a renovar aquella alianza y a revelar su sentido más profundo. La elección de Dios tiene una dimensión espiritual, un destino universal en el espacio y perenne en el tiempo.
• Jesús heredará el trono de David. Pero nunca tratará de reivindicar para sí mismo un poder sobre las tierras y las cosas. Jesús no viene a imponer su soberanía por la fuerza. Viene a proponer un camino de salvación y de gracia, que poco tiene que ver con las apetencias humanas de interés, de gloria y de prestigio.
• Jesús es en verdad el Hijo del Altísimo. No es tan sólo un hijo por elección. Él mismo habrá de explicar su relación personal con su Padre. Él habrá de repetir una y otra vez que el Padre y Él son una misma cosa, por decirlo con palabras muy pobres. Comparten el mismo origen y la misma voluntad. Son un mismo querer y un mismo proyecto.

 PALABRA Y VIDA

En este cuarto domingo de Adviento es muy importante el contenido del mensaje del Ángel. Pero no se puede olvidar la figura de María, a la que se dirige el mensaje. Sus palabras son un evangelio dentro del Evangelio.  
• “Aquí está la esclava del Señor”. El proyecto de Dios no se cumplirá por medio de las altaneras pretensiones de los que buscan el poder a toda costa. La humildad que caracterizaba a los siervos nos prepara para prestar atencion a la voluntad del Señor sobre nosotros y sobre nuestro mundo. 
• “Hágase en mí según tu palabra”. Sin embargo, con no ser poco, no basta con prestar atención a la voluntad de Dios. Es preciso acoger la palabra de Dios con un corazón limpio y generoso, como el de María. Como escribió San Agustín, “la Palabra de Dios se hizo vida en su vientre  porque antes se había hecho verdad en su mente”.
- Padre de los cielos, te reconocemos como Señor de la historia humana. Tu amor nos ha enviado a Jesús. Queremos aceptar su reinado de gracia y de verdad. Y, al escuchar la palabra que nos diriges cada día, prometemos aceptar tu voluntad. Amén.
                                                                                    José-Román Flecha Andrés





sábado, 13 de diciembre de 2014

REFLEXIÓN- DOMINGO 3º DE ADVIENTO.B


EL PROFETA DEL MESÍAS
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido”. Así comienza  el texto del libro de Isaías que hoy se lee en la liturgia eucarística (Is 61, 1-2.10-11). En él se anuncia a Israel un profeta que recibe el espíritu de Dios y lo difunde. No lo difunde sólo de palabra, sino de obra.
Las obras del profeta son concretas y visibles. Su presencia se hará notar en la sociedad.  El profeta que recibe el Espíritu de Dios consuela a todos los que sufren, venda las heridas de todos los desgarrados, libera a los cautivos y prisioneros y, sobre todo, inaugura un año jubilar: el año de gracia de parte del Señor.
Además, el profeta proclama a los cuatro vientos un anuncio de alegría universal: el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. Este tercer domingo de Adviento se hace notar por su invitación a la alegría.  

TRES VECES “NO”

En el texto evangélico que hoy se lee se nos presenta también a un profeta (Jn 1, 6-8.19-28). Es un enviado por Dios. Se llamaba Juan y venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la luz. A continuación, el texto nos ofrece una precisión importante: “No era él la luz, sino testigo de la luz”.
Nos impresiona el interrogatorio al que es sometido Juan Bautista por los emisarios de los sacerdotes y levitas de Jerusalén. Juan responde con verdad y humildad. Por tres veces repite un “no” tajante  a los que le preguntan. No es Elías, el gran defensor de la majestad de Dios. No es el profeta anunciado por el Deuteronomío. Y no es el Mesías esperado.
Pero nadie puede vivir sólo de negaciones. Hay que definirse por un “Sí”. Es preciso reconocer lo que uno es y lo que está dispuesto a dar. Pues bien, para identificarse, Juan se presenta como la voz que clama en el desierto, exhortando a todos a allanar los caminos. Eran expresiones del libro de Isaías que anunciaban la liberación a los deportados.

 EL ANUNCIO

Pero hay más en el mensaje de Juan. No se presenta como el esperado por su pueblo, pero no deja de  anunciarlo:
• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Ahora, como entonces, tenemos al Mesías entre nosotros, pero no reconocemos su presencia. Necesitamos aprender a descifrar los signos que lo anuncian.
• “Él viene detrás de mí y existía antes que yo”. Ahora como entonces, hemos de reconocer que somos un eslabón en medio de una cadena. Hay un antes y un después que nosotros. El Señor nos precede  y, a la vez,  nuestro testimonio anuncia su llegada.
•“Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias”. Ahora como entonces, hemos de reconocer humildemente nuestro papel en la historia de la salvación. No somos el Señor. Somos los siervos y los servidores del Señor. Nada más.
-Señor Jesús, acepta nuestro humilde servicio de evangelizadores. Tratamos de preparar los caminos para que nuestros hermanos puedan reconocerte en este momento concreto de la historia. Que tu luz nos ilumine y que nuestro testimonio creyente sea también creíble. Amén.

José-Román Flecha Andrés




domingo, 7 de diciembre de 2014

REFLEXIÓN-DOMINGO 2º DE ADVIENTO . 7 de diciembre de 2014

PREPARANDO EL CAMINO

“Allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios”  (Is 40,3). La segunda parte del libro del profeta Isaías comienza con un oráculo del Señor: “Consolad, consolad a mi pueblo”. A las gentes que han sufrido durante largo tiempo el penoso y humillante exilio en Babilonia se les anuncia la proximidad del retorno a sus tierras de Judá.
“Una voz grita: En el desierto abrid camino al Señor”. Es decir, Dios se identifica con su pueblo. Se puede decir que también él ha vivido desterrado con su gente. Pero ahora se propone encabezar la caravana de los que van a regresar a su tierra. Los que fueron desterrados un día o los hijos que les han nacido en el destierro.
 Hasta nueve veces aparece en este texto la mención de Dios. La esperanza se vuelve a él. Hay que abrir una calzada en la estepa. Pero es una calzada para Dios. El pueblo habrá de recordar siempre que esa es su vocación. Abrir caminos para que Dios pueda recorrerlos, hacerse presente entre sus gentes y guiarlos hacia la libertad.

LOS COMPROMISOS

 Pues bien, el evangelio que hoy se proclama retoma el texto del “Libro de la Consolación” e identifica la voz del antiguo pregonero con la de Juan el Bautista. Vestido y alimentado con una austeridad que llama la atención de todos, Juan grita en el desierto: “Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos” (Mc 1,3). Esa preparación incluía tres compromisos urgentes:
• En primer lugar, la conversión, es decir el cambio de mentalidad y de costumbres. No una simple disminución cuantitativa, sino un salto cualitativo en la vida. Es decir, una verdadera y nueva creación de la persona.
• En  segundo lugar, la confesión pública de los pecados, como reconocimiento del propio error y del extravío de la persona. Es decir, la admisión y la profesión de que siempre es posible  alcanzar el perdón de Dios.
• Y en tercer lugar, el bautismo en las aguas del Jordán. Es decir, la renovación de la memoria de que un día las aguas de este río se habían abierto para permitir el paso a Josué y a su pueblo hacia la tierra prometida.
  
EL ANUNCIO

De todas formas, aunque las palabras de Juan sean semejantes a las del mensajero que aparecía en el “Libro de la Consolación”, hay algo nuevo en ellas. Del anuncio de Dios se pasa ahora al anuncio de otro personaje misterioso con el que por tres veces se compara Juan:
• “Detrás de mí viene el que puede más que yo”. Juan se ha mostrado como un profeta convincente y respetado. Pero él no es el final del camino. Solamente lo prepara. El que ha de venir es más poderoso que Juan.      
• “Yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias”. Juan habla con autoridad. Sin embargo no se considera más que un esclavo. Ni siquiera eso. El esclavo prestaba a su amo los servicios más humildes, que Juan ni se atreve a prestar al que ha de venir. 
• “Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”. Juan conocía los ritos de purificación que los más piadosos de su pueblo realizaban con frecuencia. Pero él sólo bautizaba con agua. El bautismo definitivo purificaría con el Viento Santo que creó los mundos.  
 - Señor Dios nuestro, fuente de la libertad y del perdón. Queremos preparar con nuestro compromiso concreto los caminos para que te hagas presente en nuestra conciencia y en nuestra sociedad. Que nuestra fe nos lleve a esperar con amor al que viene a librarnos del mal.   Amén.
      
                                          José-Román Flecha Andrés

viernes, 28 de noviembre de 2014

REFLEXIÓN -DOMINGO 1º DE AVIENTO- B 30 de noviembre de 2014


LA VENIDA DEL SEÑOR

“Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia” (Is 64,1). Ese  grito, que se encuentra en la tercera parte del libro del profeta Isaías, parece reflejar una situación de angustia y una gran esperanza. Y así es. Incluido en la primera lectura de la misa hoy, nos introduce de lleno en el espíritu del Adviento.
El profeta observa con preocupación la infidelidad de su pueblo. Son muchos los que andan extraviados. Dan muestras de tener un corazón endurecido. No invocan el nombre del Señor ni se esfuerzan por aferrarse a él. Lo admitan o no,  son víctimas de sus propias culpas. Pero el profeta reconoce que nadie hace tanto por su pueblo como el mismo Dios.
Por eso el profeta se dirige a él con una asombrosa confianza: “Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano”. Y le pide que rasgue los cielos y se haga presente con su salvación en medio de su pueblo. Un anhelo que recoge el salmo responsorial al repetir: “Ven a salvarnos… ven a visitar tu viña” (Sal 79).

LA ESPERA Y LA TAREA

 También en el evangelio que hoy se proclama aparece por dos veces la alusión a la venida del dueño de la casa (Mc 13,33-37).  Es muy clara e intuitiva esa breve parábola de Jesús. Nos presenta a un  patrón que se va de viaje, asignando una tarea a cada uno de sus criados y encargando al portero de la casa que esté atento para recibirle a su regreso. 
Como se ve, el patrón no señala al partir el momento en que volverá a su casa. Este dato es muy importante. Él es el dueño de la casa y no pretende desentenderse de ella. Es su casa y quiere encontrarla abierta al regresar de su viaje. Él es el señor y quiere que sus criados cumplan con su misión siempre y en todo momento.
La parábola tiene una aplicación inmediata a este tiempo de Adviento que hoy comienza en la Iglesia latina de rito romano. Este es el tiempo que nos recuerda nuestra vocación a la esperanza. Nuestra fe nos lleva a vivir aguardando la venida del Señor y la manifestación de su reino en la tierra. Pero no esperamos en la ociosidad. Se nos ha confiado una tarea concreta. 

EL SUEÑO Y LA VIGILA

Por tres veces aparece en el evangelio de hoy la exhortación a la vigilancia. El dueño de la casa sabe de sobra que la rutina en el trabajo y el olvido de las tareas pueden generar sopor y somnolencia. Pero es preciso mantenerse despiertos.
• “Vigilad, pues no sabéis cuándo es el momento”. Es verdad que no sabemos cuándo se manifestará en su plenitud el reino que esperamos. Además, sufrimos la tentación de olvidar la importancia definitiva del momento que vivimos en el presente.     
• “Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”. Casi siempre creemos que hay que velar, porque tememos la venida del Señor como la amenaza de un castigo. Pero olvidamos que también se mantiene en vela quien espera a la persona amada.  
• “Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!” La exhortación de Jesús se dirige a cada uno de nosotros. No podemos vivir en la acedia ni en el pesimismo estéril, como dice el Papa Francisco. Esperar es operar. Aguardar la venida del Señor nos lleva a vivir  con generosidad la vocación al amor y el compromiso con la vida, con la verdad y la justicia.
 - Padre nuestro celestial, todos los días te pedimos que venga a nosotros tu Reino. Que tu espíritu nos mantenga despiertos para escuchar el Evangelio de tu Hijo. Y que la espera de su manifestación nos lleve a vivir en la fe y diseñar una sociedad más humana. Amén.
      
                                                                     José-Román Flecha Andrés



viernes, 21 de noviembre de 2014

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO - A

EL REY PASTOR
“Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro…Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío”. Ese es el comienzo y el fin de la primera lectura que hoy se proclama (Ez 34, 11.17). El profeta Ezequiel ha recriminado de parte de Dios a los malos pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos  y se aprovechan del rebaño.
 Por eso Dios promete arrebatar su rebaño de la mano de esos malos pastores y arrancar las ovejas de su boca. Y no sólo eso. Dios mismo promete cuidar de su rebaño y velar por él. Lo conducirá a los mejores pastos, buscará a la oveja perdida y sanará a las heridas y a las enfermas. A las fuertes y gordas las apacentará como es debido.
 Esas palabras podían ser comprendidas fácilmente por quienes escuchaban al profeta. Tal vez muchos de ellos se alegrarían de esa intervención del mismo Dios en la situación de corrupción en que vivían. Pero el profeta sabe que Dios es silencioso y bondadoso, pero no es imparcial.  El Pastor habrá de juzgar con justicia el comportamiento de unos y de otros. 

EL JUICIO DEL SEÑOR

 Al leer el evangelio que se proclama en esta fiesta de Cristo Rey (Mt 25,31-46) imaginamos sin duda el fresco del Juicio Final que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina. Esa impresionante escena nos lleva a examinar nuestro comportamiento diario. Pero este texto es sobre toda una reflexión sobre Jesús, su identidad y su misión, como se ve por los títulos que se le atribuyen.
• Jesús es el Hijo del Hombre y el hijo del Padre, cuya bendición y maldición pronuncia como una sentencia definitiva en el momento decisivo de la historia.
• Jesús es el Pastor,  que conoce con tal profundidad a sus ovejas y a sus cabras que puede separarlas justamente  de acuerdo con la índole y la conducta que han observado. 
• Jesús es el Rey y el Señor, que administra justicia de acuerdo con las acciones y las omisiones de los que deberían haberlo reconocido, acogido y socorrido durante su vida.
El texto sugiere todavía una reflexión inolvidable. El pueblo de Israel esperaba un Mesías que viniera a hacer justicia a sus gentes y a castigar a sus enemigos. Pero el texto evangélico anuncia que ante el Rey-Pastor se reunirán “todas las naciones”. El juicio universal del Señor se pronuncia sobre los que se sienten elegidos por él, y también sobre aquellos que no lo conocen. 

Y EL CRITERIO DEL JUICIO

Tras invitarnos a contemplar al Juez, el evangelio de hoy nos invita a volver la mirada a los que han de ser juzgados por él, a reflexionar sobre el criterio del juicio, y considerar el destino que les aguarda: a unos el Reino “preparado” para ellos, y a otros el fuego que no estaba en principio “preparado” para ellos.   
• “Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer”. Jesús había ya declarado una norma fundamental: “Quien a vosotros recibe a mí me recibe; y quien me recibe a mí, recibe a aquel que me envió” (Mt 10,40). El camino estaba claro. El juicio evidencia que algunos habían aceptado esa identificación de todo hombre con Jesús y con su Padre.
• “Apartaos de mí malditos… porque tuve hambre y no me disteis de comer”. El diálogo se repite. El criterio de la justicia no es la aceptación de unas verdades de fe ni el número y fervor de unas oraciones. El juicio consiste en examinar si los juzgados han comprendido que todo servicio de amor a los “humildes” era un servicio prestado a Jesucristo, el “hermano” universal.

 - Padre nuestro celestial, tú nos has preparado un Reino, como nos ha anunciado tu Hijo. Sólo nos pides que lo reconozcamos y ayudemos a él en los más frágiles y humildes de nuestros vecinos. Porque con ellos se ha identificado Jesús, tu Hijo y nuestro hermano, que vive y reina y nos espera por los siglos de los siglos. AmÉN
                                        José-Román Flecha Andrés

sábado, 15 de noviembre de 2014

REFLEXIÓN-DOMINGO 33º del Tiempo Ordinario-A 16 de noviembre 2014


EL TRABAJO Y LA ESPERANZA

“Una mujer hacendosa ¿quién la hallará?…Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza” Merece la pena volver a leer este elogio de la mujer trabajadora que se encuentra en el libro de los Proverbios (31, 10-31). Se dice que estas palabras pueden aplicarse a la sabiduría, que es la fuente de la verdadera riqueza y de la felicidad.
 Pero este texto incluye también una alabanza al valor del trabajo humano, aquí reflejado en la dedicación de una mujer al esplendor de su casa y al bienestar de su familia, el trabajo es visto con frecuencia como una maldición. Pero bien sabemos cuánto dolor y disgusto ocasiona a la persona verse privada de él.
La imagen de la mujer trabajadora es un hermoso canto a las posibilidades humanas de colaborar con la obra divina de la creación. Esta imagen nos invita, además, a reflexionar sobre el trabajo vínculo social y familiar. Laborar es siempre colaborar. Y una gran parte de la felicidad que el trabajo comporta es precisamente la de servir al amor mutuo.  

LOS TALENTOS

 En el evangelio que se proclama en este domingo se recoge la parábola de los talentos. (Mt 25,14-30). Por su situación, entre la parábola de las doncellas invitadas a la boda y la profecía del juicio final, este texto se nos presenta como una preciosa lección sobre la esperanza cristiana y las actitudes que comporta.
Con demasiada frecuencia se ha acusado a los cristianos de vivir mirando al cielo, de forma que ignoran lo que ocurre en este suelo. Pero esa acusación no puede responder a la verdad. Como recordó el Concilio Vaticano II, la mirada orientada hacia el más allá no nos impide observar las realidades y los desafíos que se nos presentan en el más acá.
La esperanza cristiana no justifica la pereza del criado que ha recibido de su amo un talento y lo esconde en la tierra. Precisamente el que presume de conocer a su señor es el que no hace nada por aumentar el capital que le ha sido confiado. O por reclutar a otros hermanos para la vida del Evangelio, que eso es lo que significa negociar con los talentos recibidos.   

EL BANQUETE

“Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor. Como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. Pasa al banquete de tu Señor”. Así habla el Señor a los criados que han redoblado los talentos que Él les entregó.
• “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor”. Nosotros no somos los dueños del Evangelio. El Señor es el dueño, nosotros somos sus empleados. Estamos al servicio de Aquel que es  nuestro Señor. Él espera de nosotros que aceptemos fielmente su encargo.
• “Como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante”.  La Biblia presenta una y otra vez la fidelidad como uno de los atributos de Dios y de Jesucristo. Es también nuestra vocación. En realidad, toda nuestra fidelidad es bien poca cosa comparada con la suya.
• “Pasa al banquete de tu Señor”. El Señor no se deja ganar en generosidad. Nuestra fidelidad en las pequeñas tareas a favor del Evangelio recibirá un premio inefable. El banquete es la imagen adecuada para reflejar la felicidad de la intimidad con el mismo Dios.
 - Padre nuestro celestial, tú nos has encomendado los tesoros de tu reino, el anuncio del evangelio y la tarea de promover la fraternidad en esta tierra. Danos fuerza para cumplir tu encargo, puesto que así enciendes nuestra esperanza. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

José-Román Flecha Andrés