lunes, 17 de abril de 2017

viernes, 14 de abril de 2017

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA- VIERNES

1. La celebración de la Pasión del Señor incluye hoy el cuarto de los cánticos del Siervo de Dios, que se encuentran en la segunda parte del libro de Isaías (Is 52,13 - 53,12). El profeta, elegido por Dios y enviado a proclamar la paz y la justicia, se nos presenta hoy como un “hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros”.
Él es el justo injustamente condenado: “Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”.
La lectura de este poema, precisamente en la tarde del viernes santo, prepara nuestro espíritu para la meditación de la pasión y muerte de Jesús, que hoy se proclama siguiendo el texto del evangelio de Juan.

2. En el Señor crucificado se nos revela la plenitud del amor de Dios. Según ha escrito Benedicto XVI, la cruz de Cristo es la nueva zarza ardiente, en la que se nos muestra el amor liberador de Dios.
Como dice el libro de los Números, los hebreos encontraron curación de las mordeduras de las víboras al volver sus ojos a la serpiente de bronce que Moisés levantó sobre un mástil en medio del desierto (Núm 21, 4-9). Del mismo modo, los seguidores de Jesús levantamos nuestra mirada hacia él, que pende de un madero por nuestra salvación (cf. Jn 3, 14s; 19,37).
Bien sabía Pablo de Tarso que el crucificado era escándalo para los judíos y necedad para los griegos. Pero él podía confesar que para los llamados, tanto judíos como griegos,  Cristo crucificado es fuerza y sabiduría de Dios (1 Cor 1,23-24).

3. En este día damos gracias a Jesús por haberse humillado y hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (Flp 2, 8).
Dirigimos, además, una mirada compasiva a este mundo que pretende retirar la imagen del Crucificado, como si de ella viniera una maldición y no una bendición.
Ante la cruz de Jesús recordamos también a tantos hermanos nuestros que se ven obligados a cargar con las cruces más pesadas y son condenados a muerte.
Y, junto a toda la Iglesia, repetimos con serena confianza en su resurrección la oración con la que esta tarde concluye la celebración de la pasión del Señor:
“Dios todopoderoso, rico en misericordia, que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo, no dejes de tu mano la obra que has comenzado en nosotros, para que nuestra vida, por la comunión en este misterio, se entregue con verdad a tu servicio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

                                                                        José-Román Flecha Andrés

miércoles, 12 de abril de 2017

DOMINGO DE PASCUA A

REFLEXIÓN-DOMINGO DE PASCUA. A 16 de abril de 2017

EL SEPULCRO VACÍO

“Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo sino a los testigos que él había designado: a nosotros que hemos comido y bebido con él después de su resurrección”. Este es el núcleo del discurso de Pedro en la casa del centurión Cornelio (Hech 10,39-41).
No son ideas abstractas. Son acontecimientos históricos los que recuerda Pedro. Cinco son los hechos que él quiere subrayar: Que Jesús pasó haciendo el bien. Que fue crucificado. Que Dios lo resucitó de entre los muertos. Que se lo hizo ver a sus discípulos. Que ellos compartieron la mesa con el resucitado.
¿Cómo no vivir con alegría la fiesta de la vida del Señor? Él era la piedra desechada por los arquitectos, pero ha sido elegido como piedra angular de  un nuevo edificio (Sal 117).
Por su parte, el apóstol Pablo nos invita a vivir con un talante de resucitados con Cristo, decididos a buscar solamente las realidades celestiales (Col 3,1). 

MAGDALENA

El relato evangélico pone ante nosotros la figura de María Magdalena. La piedad tradicional la identifica con otras mujeres que aparecen en los evangelios. Las leyendas y el cine la han visto como una hermosa mujer, pecadora pero arrepentida. Pero nada de eso subrayan los evangelios.
María es una mujer al parecer liberada por Jesús de alguna grave enfermedad. Movida por la gratitud, sigue al Señor desde Galilea hasta Jerusalén. Está fielmente presente en el Calvario y observa atentamente dónde ha sido colocado el cadáver de Jesús. Cuando acude al sepulcro, lo encuentra vacío y comunica la noticia a los discípulos del Señor (Jn 20, 1-9).
No es extraño que María Magdalena haya sido calificada como el “apóstol de los apóstoles”. Su voz sonaba como una profecía. Su anuncio nacía de la experiencia. Despertaba a los discípulos del desaliento en que se hallaban. Y abría ante sus ojos un futuro de esperanza que ni siquiera podían sospechar.

 EL MENSAJE

En este domingo de Pascua de Resurrección, el texto evangélico recoge las palabras que María Magdalena dirigió a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería: “Se han llevado del Sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto”. Un mensaje que parece nervioso y desesperado, pero no ha perdido actualidad.
• “Se han llevado del Sepulcro al Señor”. No es solamente que no se encuentre el cadáver de Jesús. Es que nuestra cultura pretende ignorar la vida y mensaje de Jesús. Más aún, desprecia la cruz y se niega a creer en el Resucitado.
• “No sabemos donde lo han puesto”. Son muchos los que no saben quién es Jesús y qué significa en la historia de la humanidad. Los mismos cristianos no siempre sabemos explicar el puesto que el Señor ocupa en nuestra vida.
- Señor Jesús, muerto por nosotros y resucitado para nuestra salvación, sabemos que no debemos buscarte en los sepulcros. Tú estás vivo y nos precedes por los caminos del mundo. Queremos encontrarte a lo largo del camino. Y anunciar con alegría tu presencia. Bendito seas por siempre. Aleluya. 
                                                            José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 15 de abril de 2017

                                                                        
EL CUERPO Y LA RESURRECCIÓN
“Confieso que me sorprendió que me hubieran invitado a venir aquí, hoy”.  Palabras parecidas a esas las puede pronunciar cualquiera de nosotros. Pero tienen una importancia singular si son de Liliana Cavani. Estaba muy sorprendida de haber sido invitada por el Vaticano para hablar en el congreso mundial sobre la caridad. Era el día 24 de enero de 2006 y acababa de darse a conocer la encíclica “Dios es amor” del papa Benedicto XVI.
Liliana Cavani se refirió a dos de las películas que había dirigido: “Francesco”  y “Portero de noche”. Según ella lo que más había emocionado al público en dos historias tan diferentes era algo que tenían en común: los cuerpos. Un tema que también aparecía en la encíclica del Papa sobre el amor.
Según Liliana,  “la cosa más linda y actual del Evangelio es precisamente el anuncio que Dios es amor. Un anuncio, una revelación, un proyecto que se ha ido empañando con el tiempo”. Pero eso lo había entendido bien san Francisco. Le bastaba salir fuera de las murallas de Asís para llegar al Tercer Mundo de aquellos tiempos. El encuentro con el leproso fue como la broma que Dios le jugaba para ver si su amor le llevaba a aceptar un cuerpo tan llagado.
Pero Liliana sorprendió a todos los asistentes al congreso con sus revelaciones personales: “Una de las cosas que siempre me ha impresionado  enormemente es la resurrección de los cuerpos y me parece que los griegos de la época de Cristo no lograban entenderla”.
Para los griegos, el alma es el verdadero valor de lo humano, mientras que el cuerpo es como un vestido prestado que podemos abandonar. Para la artista, esta visión se opone frontalmente al mensaje cristiano. Seguramente Francisco de Asís no conocía a Platón. Pero “por don o por instinto comprendió el sentido auténtico de la corporeidad”.
Venida de una familia totalmente laica, la artista ha llegado a descubrir esta vinculación entre el cuerpo, el amor y la vida sin fronteras: “Creo que este fue el punto crítico del escándalo del Evangelio: la resurrección de los cuerpos. Este es un mensaje de un valor y de una belleza sobrecogedores”.
Para Liliana, lo lamentable es que la cultura cristiana se haya helenizado con el tiempo. Se ha olvidado que el núcleo del cristianismo es precisamente la fe en la resurrección. No es extraño que con frecuencia se pierda el sentido de la vida.
“Es preciso creer que la vida, tu vida, tiene un sentido. Porque si no crees que tu vida tiene un sentido, mejor desperdiciarla. Es preciso creer que has sido elegido, deseado, amado, que hay un proyecto para ti: que eres importante, que eres hijo amado. Tu vida es una película importantísima”.
Y de películas sabe mucho Liliana Cavani. Pero también sabe del amor y de esa fe en la resurrección que es la respuesta cabal a la fe en el valor del cuerpo humano.   
                                                     José-Román Flecha Andrés

viernes, 4 de noviembre de 2016

DOMINGO 32º TIEMPO ORDINARIO C

REFLEXIÓN- DOMINGO 32ºdel Tiempo Ordinario. C 6 de noviembre de 2016

 
LA VIDA PLENA 
 “Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú en cambio no resucitarás para la vida”. Un sincero acto de fe y una valiente profecía. Así se expresa el cuarto de los hermanos macabeos, torturados y martirizados por orden del rey Antíoco IV Epífanes (2Mac 7,14). 
Con razón se ha dicho que precisamente en aquel tiempo de persecución contra los creyentes se afianza la creencia en la resurrección de los muertos. La gracia del martirio se apoya en la gracia de la resurrección. Ante aquellos que dan la vida por él, Dios no puede mostrarse menos generoso. 
También puede referirse a la resurrección el último verso del salmo responsorial: “Con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante” (Sal 16,15). Esperamos que el Padre celestial nos conceda amarle con fidelidad y tener la constancia en Cristo, como desea san Pablo a los fieles de Tesalónica (2Tes 3,5). 

LA PEREGRINACIÓN

Sin embargo, sabemos que en tiempos de Jesús no todos creían en la resurrección de los muertos. Entre ellos se encontraban los saduceos y los sacerdotes. Según el evangelio algunos se acercaron a él y le contaron una leyenda que se apoyaba en la ley del levirato (Dt 25,5) y en el recuerdo de Sarra, la que sería esposa de Tobías (Tob 3,8).
Si una mujer se había casado con siete hombres, ¿de cuál sería esposa a la hora de la resurrección? Esa era la pregunta. Jesús respondió recordando que los llamados por Dios a la vida eterna y a la resurrección ya no se casan. Tras recordar este pasaje, el Papa Francisco añade su propio comentario:
“Si miramos solo con ojo humano, estamos predispuestos a decir que el camino del hombre va de la vida hacia la muerte. Jesús le da un giro a esta perspectiva y afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: la vida plena. Nosotros estamos en camino, en peregrinacion hacia la vida plena, y esa vida plena es la que ilumina nuestro camino”.

DIOS DE VIVOS

Los saduceos habían citado un texto de la Escritura. Y Jesús recurre a otro: el de la zarza que ardía sin consumirse. En ella Moisés descubrió al Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob (Ex 3,6). Los patriarcas continuaban vivos en la presencia del Dios que prometía la liberación de su pueblo. Por eso, Jesús podía extraer una conclusión esperanzada:
• “No es Dios de muertos, sino de vivos”. Dios no ha renunciado a su poder creador ni a la misericordia que derrama sobre sus hijos. Para él, todos son hijos de la resurrección. “El Dios de los vivos no se rodea de muertos” (A. Stöger). 
• “Para él todos están vivos”. Esa es la revelación de Dios. Pero es también la interpelación para los hombres. Hay vivientes a los que ignoramos. Los consideramos muertos. La fidelidad de Dios a la vida es un ejemplo para nuestra sociedad.
- Señor Jesús, te proclamamos como Camino, Verdad y Vida. En medio e esta cultura de la muerte, nosotros sabemos y confesamos que estamos llamados a vivir contigo en el amor y en la gloria. Amén. 
                                                 José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 5 de noviembre de 2016

                                 
ANTE LA SEPULTURA
1. Durante la primera semana de noviembre es habitual visitar la sepultura de nuestros seres queridos. Esa visita nos lleva a recordar la última de las obras de misericordia corporales: “Enterrar a los muertos”.  
  Este acto tan importante ha definido siempre la cultura de un pueblo. De una forma o de otra, el respeto a los difuntos denota el respeto que en ella se concede a la persona. Por eso, es tan mal vista la frivolidad y la rutina con que, en algunos casos, se lleva a cabo este acto. 
La frivolidad que se manifiesta ante las tumbas ya perturbaba a Hamlet. El poeta León Felipe dejó reflejada en sus versos la incomodidad que nos produce la rutina cuando se apodera de los ritos del enterramiento: “Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero”. 

 2. En muchas ocasiones, los ritos que rodean el sepelio han servido para marcar profundas diferencias entre las clases sociales. Las distinciones entre los pobres y los ricos se manifiestan con frecuencia en el momento de los funerales y en el ornato de las sepulturas. 
En algunas ocasiones, los pobres eran sepultados casi en soledad. De ahí que muchas hermandades tuvieran como objetivo acompañar a los moribundos y  organizar las honras fúnebres. Este último servicio era entendido como una obra de misericordia. 
En nuestro tiempo, los funerales son utilizados para hacer propaganda de las ideas y proyectos de un partido. En un mundo marcado por el consumo, se convierten además en una ocasión para hacer negocios. Los familiares del difunto, a causa del estado psíquico en el que se encuentran, no escatiman los gastos y los costes. 
Por otra parte, cuando pueden suscitar un cierto morbo colectivo, los funerales  atraen el despliegue de los medios de comunicación. 

3. Sin embargo, esta obra de misericordia nos lleva a redescubrir el sentido humano y religioso del sepelio. Por él se reconoce la dignidad de la persona y su vocación a participar  en la vida eterna junto a Dios. 
Enterrar a los muertos puede y debe ser un gesto profético. Por él anunciamos el triunfo de la vida sobre la muerte. Por él denunciamos la manipulación de la vida y de la muerte. Por él renunciamos a utilizar el lujo y el fasto de los funerales con una finalidad que en nada refleja la grandeza de la vida humana. 
Esta obra de misericordia puede ayudarnos a adquirir conciencia de la unicidad y dignidad de cada persona y a evitar las tentaciones de politizar la muerte y los funerales o convertirlos en un espectáculo de consumo.
Finalmente, los funerales cristianos han de ser un momento para dar testimonio de la fe en la resurrección y para anunciar, celebrar y servir el “evangelio de la vida”. Han de ser un signo de la esperanza y un nuevo testimonio de ese amor que es más fuerte que la muerte.  
                                                                       José-Román Flecha Andrés

PROVERBIOS- José-Román Flecha

domingo, 23 de octubre de 2016

DOMINGO 31º TIEMPO ORDINARIO C

REFLEXIÓN - DOMINGO 31º del Tiempo Ordinario. C 30 de octubre de 2016

 ZAQUEO Y JESÚS 
 “Señor, tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes; cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan”. Con estas palabras del libro de la Sabiduría, que se leen en la celebración de la Eucaristía de este domingo (Sab 11,23), se pregona la misericordia de Dios con los pecadores. 
El texto continúa recordando que Dios ama a todos los seres y no odia nada de lo que ha hecho. Así que el perdón corresponde a su providencia, que abarca todo lo que él ha creado. Al corregirnos, Dios nos muestra su amor y nos revela la fuerza de su espíritu.  
Oportunamente el salmo responsorial nos recuerda que “el Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad” (Sal 144,8).
Ni los recuerdos del pasado, ni el miedo a un futuro impensable podrán hacernos “perder la cabeza”, como advierte san Pablo a los cristianos de Tesalónica (2 Tes 2,2).

LA HOSPITALIDAD

El evangelio de Lucas, que tanta importancia concede a los pobres y a los pecadores, nos ha presentado también a algunos ricos insensatos. Hoy nos invita a presenciar el encuentro de Jesús con Zaqueo (Lc 19,1-10). También él es un hombre rico. Y en cuanto publicano es considerado pecador. Pero Zaqueo rompe todos los esquemas. 
• Zaqueo tiene curiosidad por conocer a Jesús. Ese deseo lo lleva a salir al camino y a superar esa dificultad de ser bajo de estatura. Como Dios buscó a Adán entre el follaje del paraíso, Jesús descubre a Lázaro entre las ramas de un árbol. 
• Zaqueo desea conocer a Jesús, pero Jesús desea hospedarse en la casa de aquel pecador. Un encuentro de deseos, que lleva al publicano del “ver” al “acoger” con alegría. Si Zaqueo nos recuerda a Adán, también nos recuerda la hospitalidad de Abrahán.
• Zaqueo ha pasado una vida defraudando a los demás, pero decide ahora compartir sus bienes con los pobres. Y se aplica a sí mismo el castigo que David decretaba contra el malvado que se apropiaba de la oveja de su vecino. 

LA SALVACIÓN

Las palabras que Jesús pronuncia ante el gesto de Zaqueo son un verdadero evangelio de la misericordia:
• “Hoy ha sido la salvación de esta casa”. El mismo evangelio ha presentado a otro publicano que bajó justificado del templo (Lc 18,14). La salvación no viene por los ritos, sino por la misericordia que el hombre recibe de Dios y por la misericordia que él mismo practica.  
• “También este es hijo de Abrahán”. No basta con presumir de ser hijos de Abrahán según la sangre como pretendían los que escuchaban al Bautista (Lc 3,8). Hay que llegar a ser hijos de Abrahán, aceptando a Dios como Señor y practicando una hospitalidad generosa
• “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”. Jesús había dicho eso mismo, sentado a la mesa del  publicano Mateo o Leví, que había escuchado su invitación a seguirle (Lc 5,32). También el hijo pródigo se había perdido pero fue encontrado.
- Señor Jesús, te damos gracias porque te acercas a nosotros y nos das la oportunidad de acogerte al hospedar a nuestros hermanos más despreciados y marginados.  Amén. 
                                                                José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 29 de octubre de 2016

                                                      

UNA PROMESA QUE NO DEFRAUDA

El día primero de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los Santos. Según el Papa Francisco, esta fiesta “nos recuerda que la meta de nuestra existencia no es la muerte, ¡es el Paraíso! Los santos, los amigos de Dios nos aseguran que esta promesa no defrauda”. 
Junto a los santos canonizados están aquellos cuya fama no ha trascendido más allá de su ambiente familiar o laboral. Los desconocidos por los medios de comunicación. Son hombres y mujeres que han seguido con sencillez y fidelidad su vocación y han manifestado la alegría de la gracia. Han vivido la fe, han contagiado la esperanza y han hecho del amor la norma de su vida. Y ello, no para ser simpáticos ni eficaces, sino porque así era Jesucristo. 
Los santos son hombres y mujeres que han aceptado los valores del evangelio. Son los seguidores del Señor. Ellos nos demuestran la posibilidad de imitar el estilo de Jesús. Los santos y santas de Dios son los mejores hijos de la Iglesia. La prueba de que es posible vivir el proyecto de Dios. El icono más bello de la dignidad humana. Las arras  de la esperanza. El anticipo de la gloria que nos ha sido prometida. 
En esta solemnidad de Todos los Santos se proclama una vez más el mensaje de las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús. Esas palabras nos revelan el rostro de Dios y el espíritu que animaba a Jesús. Expresan las notas que caracterizan a los que forman parte de su Iglesia. Recogen las mejores aspiraciones y esperanzas del corazón humano y nos orientan hacia la patria celestial. 
Las bienaventuranzas no desprecian la tierra en la que viven, trabajan y sufren los hijos e hijas de Dios. Pero nos invitan a no parcelar el corazón humano. A ver nuestra vocación en su integridad. A recordar que nuestra verdadera dignidad trasciende los logros de nuestras manos y supera el malogro que nos aflige. 
Según san Pedro Poveda, “las bienaventuranzas son el mejor resumen del Evangelio, el más firme sostén de nuestra fortaleza en la lucha por el cielo y la más perfecta regla de vida. Son el alma de la fe, de la esperanza y de la caridad”.
San Agustín reduce las bienaventuranzas  a siete. La primera y la última ofrecen la misma recompensa a dos actitudes que parecen diversas. Los pobres en el espíritu han abrazado la libertad, que capacita para vivir como hijos de Dios. Y los perseguidos por su fidelidad  no se dejan seducir por el tener, el poder o el placer. También ellos han optado por la libertad.  A fin de cuentas, esa fue la suerte que le tocó a Jesús. 
Pobres por amar la única riqueza. Perseguidos por amar la única verdad. A ellos se les ofrece la plenitud del Reino de Dios. Ellos son ya el icono que hace visible la grandeza de ese Reino. 
                                        José-Román Flecha Andrés

LA CONCIENCIA | Rev. José-Román Flecha

lunes, 17 de octubre de 2016

REFLEXIÓN- DOMINGO 30º TIEMPO ORDINARIO C. 23 de octubre de 2016

LOS MÉRITOS Y LA MISERIA 
 “El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial”. Así comienza el texto del libro del Eclesiástico, que se lee en la celebración de la Eucaristía de este domingo (Eclo 35,12). Con frecuencia la Biblia nos presenta a Dios por contraposición con las actitudes humanas que vemos a nuestro alrededor. Así pues, Dios no es parcial como nosotros.  
Su imparcialidad se manifiesta sobre todo en la escucha. Dios presta atención a las súplicas de los marginados y oprimidos, de los pobres y los enfermos. Hermosamente se nos dice que “los gritos del pobre atraviesan las nubes”.
Con razón, el salmo 33 nos invita a repetir como estribillo un eco de nuestra experiencia histórica o, más bien, el testimonio de nuestra fe: “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha”. San Pablo sabe que, aunque los hombres abandonen al apóstol, el Señor seguirá librándolo de todo mal (2 Tim 4,18). 

ORGULLO Y HUMILDAD

Sabemos que el evangelio de Lucas insiste con frecuencia en la grandeza, la belleza y la necesidad de la oración. El texto que se proclama este domingo se refiere tanto a la oración de los hombres cuanto a la escucha con que Dios la acoge o la rechaza (Lc 18,9-14). 
Hay que orar con humildad.  Jesús expone esta idea con una parábola en la que, una vez más, se contraponen dos personajes y dos actitudes. Ambos acuden al templo. Ambos hacen oración. Pero ¡qué diferencia entre uno y otro! 
• En primer lugar, aparece un fariseo. Presenta a Dios sus méritos. Cumple fielmente la Ley y va más allá de lo prescrito. Da gracias a Dios, pero piensa que Dios tiene que estarle agradecido a él. Y su orgullo ante Dios lo lleva a despreciar a los hijos de Dios. Él se ve a sí mismo como el modelo de la santidad. A todos los demás los considera como pecadores.  
• En contraste, aparece un publicano, un cobrador de impuestos. Solo puede presentar su miseria ante Dios.  No puede contar con méritos propios. Él se percibe a sí mismo como un pecador. Es despreciado por los hombres, así que solo puede contar con la misericordia de Dios. Su humildad es asombrosa.    
      
LA SUBIDA Y LA BAJADA

La subida a la casa de la oración une a dos creyentes. Su oración refleja la imagen que ambos tienen de Dios y de sí mismos. Dios no puede escuchar a los dos del mismo modo. Así que la bajada del templo revela su silueta humana y religiosa. Así lo dice Jesús:  
• “El publicano bajó a su casa justificado y el fariseo no”. Dios es el único Justo. Es compasivo y misericordioso. Así que solo puede participar de su “justicia” y santidad quien está dispuesto a reconocerlo a él como la fuente de la gracia.  
• “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Esta idea responde a la experiencia humana. Ya se reflejaba en los Proverbios. Pero el seguidor del Mesías Jesús sabe que en él se ha hecho evidente ese cambio.  
- Padre de los Cielos, tú conoces nuestras obras y también nuestras intenciones. Sabemos que no podemos atribuirnos mérito alguno en tu presencia. Perdona nuestra arrogancia y ayúdanos a presentarnos ante tí con la desnuda verdad de nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor, que se ha humillado hasta morir en una cruz.  Amén. 
                                                                              José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 22 de octubre de 2016

                                                           
DOMINGO MISIONAL

La Jornada Mundial de las Misiones goza de una enorme simpatía en toda la Iglesia. El mensaje que el Papa Francisco nos ha dirigido lleva por título “Iglesia misionera, testigo de misericordia”. He aquí algunas de sus ideas fundamentales:
1. “Todos estamos invitados a «salir», como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana. En virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor”.
2. Las misiones evidencian el amor de Dios, nuestro Padre, que es misericordioso con todos y ama a todos los pueblos. Además nos recuerdan que Jesucristo revela el rostro del Padre rico en misericordia. Y el Espíritu Santo nos ayuda a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, para amar como él nos ama y hacer de nuestra vida un signo de su bondad. 
3. Las misiones presentan a la Iglesia como la comunidad que vive mirada y elegida por Cristo con amor misericordioso, para vivir de él y para darlo a conocer a la gente “en un diálogo respetuoso con todas las culturas y convicciones religiosas”.
 4. En este año, el Papa evoca la vocación misionera de las mujeres y de las familias. Ellas comprenden mejor los problemas de la gente en el cuidado de la vida, “poniendo más interés en las personas que en las estructuras y empleando todos los recursos humanos y espirituales para favorecer la armonía, las relaciones, la paz, la solidaridad, el diálogo, la colaboración y la fraternidad”. 
5. La tarea misionera es también una labor de promoción social. “En muchos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa…Se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados”. 
6. Como mirando a los que desconfían de la tarea misionera, añade el Papa Francisco que “la fe es un don de Dios y no fruto del proselitismo; crece gracias a la fe y a la caridad de los evangelizadores que son testigos de Cristo”.  
7. Una observación final. La labor misionera es especialmente necesaria en este momento “si tenemos en cuenta la cantidad de injusticias, guerras, crisis humanitarias que esperan una solución. Los misioneros saben por experiencia que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz”. 
   Así pues, la llamada de las misiones no puede ser ignorada por ningun cristiano. “No dejemos de realizar también hoy este gesto de comunión eclesial misionera. No permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad”.
                                                                José-Román Flecha Andrés

lunes, 10 de octubre de 2016

DOMINGO 29º TIEMPO ORDINARIO C

REFLEXIÓN-DOMINGO 29º TIEMPO ORDINARIO. C.16 de octubre de 2016

GRITAR DÍA Y NOCHE 
 “Mientras Moisés tenía en alto las manos vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec... Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado”. Este recuerdo legendario de la oración de Moisés constituye el punto central de la primera lectura en la celebración de la Eucaristía de este domingo (Ex 17,8-13). 
El texto nos sugiere que la victoria de Josué, alla en el valle, se debe a la oración de Moisés, allá en el monte. Pero la oración de Moisés no sería posible sin el apoyo de Aarón y de Jur. Detrás de los fuertes, que piensan y proyectan, predican y construyen, está la oración silenciosa y cansada de los débiles. La oración es un esfuerzo comunitario.
Pero la predicación y la acción han de encontrar su fuente en la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura nos da la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. San Pablo lo sabe por experiencia y puede recordarlo a su discípulo Timoteo (2 Tim 3,15). 

ORACIÓN Y CONFIANZA
  
También el evangelio nos habla de la oración. Hay que orar sin desanimarse. Esa es la idea que encabeza el texto evangélico que hoy se proclama (Lc 18,1-8). Para apoyar esa idea Jesús cuenta una parábola en la que se contraponen dos personajes y dos actitudes. 
• Por una parte, aparece un juez inicuo. Ni teme a Dios ni le importan los hombres. Esa conexión es tan impactante como actual. La indiferencia ante lo divino se refleja casi siempre en el desprecio de lo humano.  
• Por otra parte, aparece una viuda que le reclama que le haga justicia frente a un adversario, que no deja de burlarse de ella. Al juez no le mueve su compromiso con la justicia, sino únicamente la insistencia y la perseverancia de la mujer.   
• La parábola da un salto para expresar la relación del hombre con Dios. Este juez corrupto termina por hacer el bien, aunque sea tan solo por egoísmo. Pero Dios es justo y nos hará justicia si le gritamos día y noche. La oración requiere esfuerzo y confianza.     

FE Y ORACIÓN

Terminada la parábola, nos encontramos de pronto con una frase de Jesús que parece fuera de lugar: “Cuando venga el Hijo del hombre encontrará esta fe en la tierra?” ¿Qué nos dicen estas palabras tan inquietantes?  
• En primer lugar, el cristiano no puede olvidar la invitación a vivir esperando la venida del Señor.  En la Eucaristía le decimos: “Ven, Señor Jesús” ¿Lo decimos de verdad?
• Además, la oración no puede separarse de la fe. Muchos nos piden oraciones. Pero ¿se atreven ellos a orar? Ora quien tiene fe. Y tiene fe quien se mantiene en la oración. 
• Pero hay algo más. Muchas personas se preguntan y nos preguntan todos los días dónde está Dios. Pero Jesús se pregunta y nos pregunta dónde está nuestra fe. ¿Sabremos responderle?
- Señor Jesús, tú sabes que somos débiles e inconstantes. En nuestra oración solemos presentarte nuestras necesidades y las de nuestros hermanos. Hoy te pedimos solamente que nunca desfallezca nuestra fe.  Amén. 
                                                                         José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 15 de octubre de 2016

                                                
EL HOGAR DE TERESA
Muchas personas atribuyen a sus padres la causa de los errores que cometen y hasta de su curtida inmoralidad.  Teresa de Jesús, a la que hoy recordamos, es una maestra de serenidad y de gratitud hacia sus padres, Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila y Ahumada. No queda en su corazón ni el menor espacio para el  resentimiento.  
Desde muy niña, Teresa comenzó a sentir grandes deseos de ser santa. Andando el tiempo, Teresa asume  toda la culpa  por no haber sido siempre fiel a aquel impulso inicial recibido de sus padres: “Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no haber yo estado entera en los buenos deseos que comencé. […] sé que fue mía toda la culpa” (V 1,7-8).
La libertad juega un gran papel en este proceso de disculpa y de justificación personal.  Se olvida que la libertad no es tanto un punto de partida cuanto un punto de llegada. Teresa ha intuido ya esta contradicción, como lo demuestra al escribir: “¡Oh, que sufre un alma, válame Dios, por perder la libertad que había de tener de ser señora, y qué de tormentos padece!” (V 9, 7).
Aunque hayan elegido con libertad,  muchas personas  tratan de justificar y disculpar sus malas acciones u omisiones. Con frecuencia arguyen que en  su infancia estaban tan determinadas por el ejemplo y las presiones de su familia que nunca fueron libres para tomar una decisión responsable. 
Teresa recuerda su hogar y agradece lo que en él ha recibido. Recordar es pasar las memorias por el filtro del corazón. Y para el creyente, recordar equivale a orar. Pues bien, Teresa recuerda qué impresión tan fuerte le produjo leer Las Confesiones de San Agustín: “Cuando llegué a su conversión, y leí como oyó aquella voz en el huerto, no me parece sino que el Señor me la dio a mí, según sintió mi corazón: estuve por gran rato que toda me deshacía en lágrimas, y entre mí misma con gran aflicción y fatiga” (V 9, 7).
Teresa suele envolver sus recuerdos en la oración.  De hecho, se dirige a Dios para reconocer el bien que ha recibido: “No me parece os quedó a Vos nada por hacer para que desde esta edad no fuera toda vuestra. Cuando voy a quejarme de mis padres, tampoco puedo, porque no veía en ellos sino todo bien y cuidado de mi bien” (V 1,7-8). 
¡El bien! ¡Todo bien! Ese es el resumen de los recuerdos de Teresa.  El bien es el verdadero motivo para alimentar y conservar la gratitud hacia sus padres. El bien es el gran don de Dios, que ha llegado hasta ella por la mediación del hogar. El bien como ideal de vida y como norma para el comportamiento diario. ¡Siempre el bien!
Cabe preguntarse si en las familias de hoy se percibe una preocupación semejante por el cultivo y la promoción de buenas ideas, buenos sentimientos y buenas costumbres. No se puede olvidar que en la búsqueda del bien estriba la felicidad. 
                                                                      José-Román Flecha Andrés

viernes, 7 de octubre de 2016

DOMINGO 28º TIEMPO ORDINARIO C

REFLEXIÓN- DOMINGO 28º DEL TIEMPO ORDINARIO C 9 de octubre de 2016

LA LEPRA Y  LA FE

 “En adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor”. Con esa solemne promesa se cierra el texto de la pr.imera lectura  que se lee en la celebración de la Eucaristía de este domingo (2Re 5,14-17). Naamán, un militar sirio, llegó hasta Samaría y allá fue curado de su lepra por el profeta Eliseo. 
En las aguas del Jordán dejó su lepra y su orgullo. Insistía en agradecer al profeta el don de su curación, pero Eliseó se negó a recibir cualquier regalo. Naamán pensaba que cada tierra tenía su Dios y cada Dios tenía su tierra, así que decidió llevar hasta Damasco una carga de tierra de Israel, para que Dios lo reconociera desde lo alto. La curación le trajo la fe. 
Con razón el salmo  97 nos invita a recordar y confesar que “el Señor revela a las naciones su salvación”. Lo hizo con un pagano extranjero, como Naamán, y puede hacerlo con todos nosotros. 

LA LEY Y LA PALABRA
  
También el evangelio nos habla de leprosos (Lc 17, 11-19). Bien sabemos que, según la Ley, habían de vivir apartados de las gentes. Sin embargo,  diez de ellos vinieron al encuentro de Jesús, se pararon a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. 
• Nos llama la atención que Jesús los enviara a los sacerdotes, según prescribía la Ley. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Se nos dice que la Ley de Moisés puede solamente certificar la enfermedad y alejar a los enfermos, pero no puede curarlos. Solo la palabra de Jesús puede limpiarnos. 
• Además se indica que quedaron limpios mientras iban de camino. Con ello se sugiere la confianza que les lleva a obedecer el mandato del que reconocen como Maestro. La curación acontece mientras van “de camino”. Los seguidores del Señor tendremos que prestar atencion a ese dato, que refleja la vida cristiana.  

FE Y GRATITUD

Pero el relato nos ofrece aún otra sorpresa. Uno de los leprosos curados se volvió para dar gracias a Jesús. Sorprendentemente, era un samaritano. Pertenecía al grupo más despreciado por los judios. Ese retorno motiva tres palabras de Jesús:
• “¿No han quedado limpios los diez?. Los otros nueve ¿donde están?” Una pregunta que Intepela a lo largo de los siglos a todos los que hemos sido liberados del pecado, del miedo y del sinsentido. 
• “¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Una constatación que nos revela que tambien “los de fuera”, como Naamán, pueden reconocer el poder de Dios y su misericordia. Eso es lo que da gloria a Dios. 
• “Levántate y vete: tu fe te ha salvado”. Una exhortación que nos lleva a descubrir el valor de la fe, a agradecerla con sinceridad y a confesarla con valentía una y otra vez mientras vamos haciendo camino. 
- Señor Jesús, perdona nuestra arrogancia y nuestro olvido. Queremos recordar el don de la salvación. Te damos las gracias de todo corazón. ¡Bendito seas!. Amén. 
                                                              José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 8 de octubre de 2016


TRES DESAFÍOS SOCIALES

 La memoria nos trae documentos sorprendentes.  En uno de ellos se dice que “existe  gran número de causas que en una sociedad civil relajan los lazos de la disciplina pública y desvían al pueblo de procurar, como debe, la honestidad de las costumbres”.  En concreto, el autor anota los tres males “mas funestos para el común bienestar, que son: el disgusto de una vida modesta y activa, el horror al sufrimiento y el olvido de los bienes eternos que esperamos”

1. En primer lugar anota que “se desprecian los deberes y las virtudes que deben ser ornato de una vida oscura y ordinaria”. De esa causa se originan algunos hechos lamentables: la desobediencia de los hijos a los padres, el desinterés de los obreros por el trabajo, mientras aspiran a sueldos más altos, y el abandono de los campos por las gentes que emigran a las ciudades buscando una mayor comodidad. 
En realidad, todo está desquiciado; “los ánimos están comidos del odio y la envidia: engañados por falsas esperanzas, turban muchos la paz pública, ocasionando sediciones, y resisten a los que tienen la misión de conservar el orden”.

2. En segundo lugar se observa cómo se rechaza   “todo lo que parece molesto y contrario a nuestros gustos. Pues la mayor parte de los hombres … se forjan la idea de un Estado donde no habría objeto alguno desagradable y donde se gozaría de todos los bienes que esta vida puede dar de sí” .  

 3. En tercer lugar, se ve que  “los hombres de hoy, aunque instruidos en la fe cristiana, se adhieren en su mayor parte a los bienes fugitivos de la vida presente, no sólo como si quisiesen borrar de su espíritu la idea de una patria mejor, de una bienaventuranza eterna, sino como si quisieran destruirla enteramente a fuerza de iniquidades”. 
La causa de esta actitud  es que “en muchos existe el temor de que el pensamiento de la vida futura pueda destruir el amor de la patria terrestre y perjudicar la prosperidad de los Estados”. En realidad se piensa que la esperanza  en el más allá anula la posibilidad de disfrutar de los bienes presentes. 
Pero eso no es cierto. Cuando los bienes terrenos contribuyen al aumento y recompensa de nuestras virtudes, la prosperidad, la civilizacion y el progreso de la patria terrestre manifiestan la concordia de las personas y reflejan la belleza   de la patria celestial”.  

Llegados a este punto es hora de revelar que estas observaciones se deben al Papa León XIII, tan experto en cuestiones sociales. De hecho, se encuentran en su encíclica “Laetitiae sanctae”, firmada el 8 de septiembre de 1893. 
Pero lo más interesante es que a la vista de estos tres males sociales, el Papa propone la meditación asidua del Rosario. Al primero de ellos responden los misterios gozosos, al segundo los misterios dolorosos y al tercero los misterios gloriosos. ¡Buena lección para el mes de octubre, tradicionalmente dedicado al Rosario!
                                                         José-Román Flecha Andrés

lunes, 26 de septiembre de 2016